Llantos de Nomada
No salía. No caminaba más allá de los cinco árboles que rodeaban su peculiar hogar. Nomada estaba reprimido en su cueva, encerrado entre las cuatro paredes que parecía que se le fuesen a caer encima. Estaba triste, raramente amargado por cosas que había visto y no le acababan de gustar. En aquellos primeros paseos después de su “resurrección”, se cruzo con una imagen que inundo sus ojos de lágrimas, y que se selló en su corazón. Aquellos muros, cimientos construidos encima de las cenizas de los bosques que el reclamaba suyos. Paseos entre aquellos gigantescos árboles, con la armonía del canto de las aves y del aire danzando entre las ramas. El caminar de seres a su alrededor, bichejos del bosque y duendes-topo encerrados en sus madrigueras y viéndolo pasar. Todo había desaparecido y Nomada se sentía solo, con el corazón destrozado y sin la vitalidad de semanas antes. Nomada se había consumido al igual que aquellos árboles al arder, preparando el terreno para la construcción de aquel monasterio colosal. El terreno que antaño sirvió a aquellos seres para vivir, ahora era la zona de oración, ocio y trabajo de aquellas mujeres pertenecientes a una hermandad religiosa. Otra. Miles de conventos, monasterio y ermitas. Ciudades repletas de monjes/as, curas, obispos y frailes. Todos teniendo un pan que llevarse a la boca y un buen atuendo, solo por encerrarse a la vida eclesiástica, mucho más siniestra de lo que nuestros ojos ven. Nomada se llenaba de ira al ver que aquel terreno acababa siendo el suelo que pisan esos humanos detestables a los cuales les guardaba tanto rencor. Charlatanes y creyentes en una religión construida a base de mentiras. ¿Dónde iba a llegar aquel planeta, si la naturaleza muere para que sobrevivan seres como ellos? Inútiles llantos de Nomada resonaban en los alrededores, mientras compartía inconscientemente un pensamiento con más de media humanidad, y con millones de otros seres. Incluso las aves lloraban sus defecaciones sobre aquel “castillo” cuando sobrevolaban el terreno donde habían construido sus hogares en un pasado.


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