5.19.2005

Nomada

Hacía siete meses que dormía. No había abierto los ojos ni para dejar los sueños a un lado, de los cuales tuvo millones. Sus ojos pegados, y entre sus pestañas un suave pegamento que las unía. De entre las grietas que había en aquella habitación, habían entrado bichos de diversos tipos: arañas de tamaños sobrenaturales que permanecían en la profundidad de los armarios; gusanos comiendo de la suciedad acumulada debajo de mi cama; criaturas de cuerpos deformes, con caras indistinguibles que se alimentan de los gusanos que no están ocultos en la oscuridad de los rincones y huecos. Y lagartijas que trepaban por las paredes y desde el techo golpeaban con sus largas y escamosas colas al dormido, despertándolo al fin. Nomada se despertó y creyó estar en el infierno. Creyó haber muerto en sus sueños. Sus músculos dormidos y su cuerpo cubierto de una gruesa y honda capa de polvo. El pelo graso y lleno de restos de a saber que cosas sucias y asquerosas. Insectos diminutos comiendo la roña acumulada en sus pies, manos y cuello. Escupió el polvo de sus labios, y empezó a mover los dedos, ejecutando un ejercicio parar estirar sus brazos y despertarlos, dormidos y rígidos por el largo sueño. Abrió con dificultad sus ojos, cerrados con el candado producido por la cera, y vio entre las sombras de las lagartijas un rayo de claridad entrando en la habitación de aquella oscura y oculta cueva. Vio la libertad en aquel rayo, dejar de ser esclavo de los sueños para poder volver a caminar entre los senderos montañosos que bordeaban la cueva. Respiro profundamente después de meses sin sentir el aire de la habitación, lleno de polvo, y luego, aguantándolo, lo tiró con fuerza, saliendo de su boca un grito que hasta había echo correr al más grande de los ogros que merodeaban por la zona. Las lagartijas salieron corriendo por las grietas del techo, mientras los bichos raros salieron por la puerta mientras gritaban de angustia. Volvió a cerrar los ojos y se carcajeo de su dolor corporal. Pero estaba despierto. Nomada, el caminante de las montañas, el cabalgador de insectos y el aniquilador de bestias hacía renacido de entre la basura enterrada de su cueva. La imagen de sus sueños se borraba, y solo deseaba salir afuera. Nomada quería ver la luz del sol reflejándose en su espada de doble filo. Quería ver una y otra vez, su sombra en el suelo, y el andando sin dolor en las piernas, ni mierda en los pies. Nomada, vivía de nuevo, despierto ya en la habitación de su cueva.

-Canción para escuchar: "Sweet Lullaby" de 'Deep Forest'

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