Entre seres diferentes...
El sentimiento de culpa había sido arrastrado por los licores rojizos que me habían ofrecido saborear. Mi comportamiento era de lo más impertinente desde que había roto mis pactos. Actuaba como un reflejo de sus caracteres superiores. Caminaba entre ellos, los escuchaba e incluso en ocasiones mantenía escuetas conversaciones. Mi forma de ser había cambiado, conseguía día tras día los propósitos que me fije el día que besé por primera vez a aquella vampiro y era respetado en un ambiente de disimulo y discreción. Pero que razones me permitían comportarme de una forma que no agradaba a la gente a la que importaba, y mucho menos a mí. Que satisfacción me producía meterme rayas de polvo de nube, y en sentir a mis pies a toda una belleza vampiro de cuerpo seductor, pero que nunca me había atraído de forma psíquica. Me relacionaba con su cuerpo, no con su mente, y eso, a la larga, me daba más dolor que placer. Satisfacción y placer, palabras que se definirían como la recepción de lo que a uno le agrada y las sensaciones que esto provoca. Ambos sentimientos eran frustrados en mí, y ahora esa frustración arrancaba de mi interior aquellas ideales de venganza que de nada servían y los tiraba al exterior. Quizás con un baño en cenizas, revuelto en sangre, toda esa maldición acabaría desbocando al futuro que continuaría con el camino de siempre, pero con nuevos senderos.


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