5.16.2005

Seres superiores...

No puedes intentar agradar a alguien sin ser abofeteado. No hay razones para que te eviten y desprecien, pero no entienden, no quieren entender, no quieren saber. Arremeten contra lo desconocido y golpean el culo a alguien nuevo que les sonríe. Creen que no tienen porque soportar tu saludo, ni creen que deban hacer nada por ti. Sus comportamientos son egoístas y desagradables, aunque son sinceros. Superiores o no, creen que les debes un respeto, un silencio cuando camina a tu lado, o no mirarles si te cruzas con ellos. No bajan la mirada y tu debes hacerlo si les ves. Si conversas con ellos, intentan agredirte con sus palabras sinceras, y demostrarte lo débil y inferior que eres. No les hace falta la fuerza para demostrar su poder, y si les pides que la empleen se niegan, se la estiman demasiado. Pero contestadas sus palabras con silencio, contrarrestadas sus miradas con el desprecio reflejado en las pupilas, y a una acción de violencia se les devuelve con un estado de indiferencia, es cuando te dejan de subestimar, e incluso te temen. Temen a las inexplicables cuestiones que se formulan por tu quietud o por el desprecio de tu indiferencia. Han encontrado rivales. Rivales que caminan entre ellos, y cuyo comportamiento es similar, incluso más silencioso y precavido que el suyo. Te toman de su lado, sin haberte preguntado, sin pensar en que es lo que quieres que piensen, lo que quieres que crean antes de que el débil, la escoria, el desecho, tumbe al ser superior. Al ser “fuerte”.

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