6.22.2005

Melancolía de fin de curso

Me parece casi imposible que esto ya se acabe. Después de mañana, día 22, las aulas permanecerán vacías por la tarde, más aún. El aula de dibujo estará deshabitada, y habrán desaparecido los dibujos y esculturas de la zona de exposición. Nada parecerá haber cambiando de un verano a otro, pero si lo ha hecho. Ha sido un año nuevo, un nuevo curso de gente totalmente diferente, unida por vocaciones parecidas o no tanto, pero entre las cuales se han forjado amistades que ya se han escrito en el libro del recuerdo. Han pasado ya tres trimestres desde que entré en aquella aula, nada nueva para mí, pero llena de gente extraña a mí alrededor. Primeras palabras, presentaciones, primeras relaciones. Un año nuevo lleno de experiencias que no van a poder salir de mi mente. Ahora, releo mi post de “Opiniones” y me doy cuenta de cómo ha cambiado todo. De la primera persona que comencé hablando, Tamara, no he entablado mucha más amistad, ya que para el segundo trimestre se lo dejo, aunque ha estado viniendo a visitarnos con sus amigos. Otro que mencione, Agustín, se marcho y no se ha sabido nada más de él, ni tampoco es que nos importe de su paradero. Poco a poco, se fueron formando grupos, y el nuestro constaba de Fermina, Dana, Evo, Laura, Albert, Fernando y yo. A algunas al principio no las conocía cuando escribí aquel post, pero ahora son gente muy allegada a mí. Como por ejemplo lo es Laura. Poco a poco fui conociendo a esta persona tan vital y alegre como lo es ella, que a acabado siendo la madre de Fernando y mía. Tampoco comenté nada sobre la “malvada” Fermina (pero es en plan cariñoso, eh), la cual también es una gran “pieza” del grupo. Dana, chica inteligente y que aunque lo intente muchas veces, nunca la superaré en los estudios (excepto en gimnasia xD). Evo, que sería de los últimos que mencionar, simpático y a la vez serio. Ha sido mi grupo de este año, y ojalá no cambie de este año al otro. Me faltan dos personas importantes que mencionar, pero antes me gustaría reflexionar.
Pensar sobre un año que me ha aportado todo aquello nuevo que esperaba y lo que deseaba, y más cosas que me han sorprendido. Anécdotas, amistades, relaciones, conversaciones inolvidables, horas de pura diversión y entretenimiento, y un poco más de experiencia en el manejo del lápiz y otros materiales artísticos :P. También han pasado por las aulas profesores tan carismáticos como Josep, Amelia, Enrique (desaparecido en combate), Inma, Isidro, Ana, Tamara (¡eza quilla!) e incluso la imparable Antonia (Dios como nos ha dado la lata al final con la exposición). Todo ha ido bien, y ahora las notas reflejaran el resultado de un buen curso.
Como decía, me quedaban dos personas más que han ido enlazándose más en mi vida del instituto y personal al largo del curso. Empezaré con Sandra la cual ya mencioné brevemente mientras la conocía, y que ahora puedo decir gratamente que es una gran amiga, aún siendo una “mala persona” :P. Es una de las personas que más especial han hecho este año, y la cual no creo que vaya a olvidar. Así es, que tenía que ponerla aquí, entre las cosas que no olvidaré de este año.
Ha sido también un año junto a los míos de “siempre”, y con los que aún me he reforzado más en la amistad y demás. Pero si hay algo que no olvidaré, por encima de lo mencionado, serán los largos viajes en metro junto a Fernando, mi mejor amigo de este curso. Largas conversaciones y sensaciones compartidas, extensas alegrías compartidas y que ahora me sería difícil definir. Melancolía sentiré cada vez que monté solo en el metro de vuelta a Bétera y me acuerde del instituto, de todos nuestros viajes al “Abuelo”, las risas reunidos en los banquitos, y nuestras “fiestas” en las clases de dibujo. Una frondosa y agridulce tristeza se ha apoderado de mí al despedirme de él, por última vez, después de volver de dar clase en el curso de 1º Bachillerato C del 2005. Un recuerdo que junto a los demás, grabaran el libro de este curso.

6.17.2005

Gramática enredosa...

Estudio para el examen de gramática de mañana, y se me inunda la mente de recuerdos. Palabras que sonaban una vez por el auricular, y luego repetía mi pensamiento por la noche, en mis sueños. Miro las páginas del libro y solo puedo detenerme a pensar en aquella llamada. Tan improvisada. Tan extraña. Ambos analizamos una oración de amor, en la que el núcleo verbal era el verbo gustar, querer, amar. Yo era el sujeto, y tú eras el correspondido complemento indirecto. ¿Recuerdas aquel análisis sintáctico? Yo aún no he podido olvidarlo. Ahora más que nunca, entre los sustantivos, pronombres, determinantes, verbos y adjetivos del libro, me he perdido hasta encontrar la luz que me ha llevado a tu recuerdo. Los pequeños trozos de hielo que se quedan en mi boca provenientes de los cubitos de mi vaso, acaban deshaciéndose, tan rápido como desapareció todo lo que hubo. Pienso ahora que es mejor así, menos tiempo de insomnio y sin permanecer enredado en los cables del teléfono. Todo llega como las olas a la orilla, en una noche en la playa, tan tranquila y joven, disfrutando de momentos con los que un paladar vulgar no sabría deleitarse.
Saludos desde mi estudio, el cual esta siendo atacado por centenares de insectos que buscan la “luz” artificial.

6.12.2005

V

Aquella figura salió del edificio, el cuál era una de esas construcciones muy recientes, con acabados simples, en la cual había unas cincuenta viviendas. Una gruesa figura. Una camisa negra y unos pantalones a juego con esta, que cubrían su poco esbelto cuerpo. Su largo y oscuro cabello caía de su cabeza hasta la mitad de su espalda, suelto y libre, sin ser recogido por ninguna goma. Su cara no podría ser más expresiva, y en sus pesados párpados y apagados ojos se podían adivinar las pocas horas que había dormido. Un día laborable, mediodía y aún así el se acaba de levantar. A regañadientes. Le han reclamado por teléfono, y debe acudir una vez más a ayudar a una de esas personas a las que esta atado todo miembro de una sociedad familiar. Levantarse a mitad de sus sueños, dejar el descanso y acudir allá a donde le reclaman sin poder recuperarse de una larga noche de trabajo, es algo que no le hace demasiada ilusión, aún siendo por hacer un buen acto. Se dirige hacía su vehículo, mientras el aire alza su pelo, brillante, aún limpio desde la noche anterior cuando se lo lavó por última vez. Algunas finas gotas caen sobre él. Se monta en ese coche, más gris que blanco por el tiempo que hace que no visita un túnel de lavado, y por dentro aún más rebosante de suciedad, de mierda inservible e inútil depositada en el suelo y el asiento de atrás. Enciende la radio mientras se mira al espejo. Unos cuantos pelos han surgido en su rostro, formando una diminuta barba, propia de la escasez de veces que ha pasado la maquinilla por ella durante toda la semana, aunque aún estamos a miércoles. Arranca y conduce rápida pero suavemente, con su vista perdida en la carretera y los sueños volviendo a su mente, reclamándolo renacer de nuevo, irse con ellos otra vez. Gira a la derecha y sigue recto. Recto y recto hasta la rotonda, donde cambia de dirección. Vuelve a ir hacía delante, esta vez más cerca de su destino. A lo lejos va viendo una silueta sentada en un banco de la parada del tranvía, esperándolo. Va reduciendo velocidad hasta parar enfrente de aquel adolescente, con una cierta semblanza a él, el cuál se levanta ante su llegada. Lo ve dirigirse hasta la puerta derecha, la abre y entra en el automóvil. Lo saluda y se dan dos besos. El hermano pequeño deja tirada la mochila entre sus piernas, y mira al piloto con una diminuta sonrisa, intentando aparentar un estado de alegría que es puramente ficción. El joven estudiante ha ido a recibir una lección de su igualmente joven maestro. Una lección importante, una guía de la ruta más importante del conocimiento e importante en la educación humana. El hermano mayor le enseña la asignatura de la vida, y le hace de pequeño bastón de apoyo mientras su inmadurez lo ciegue ante esta, hasta que abra los ojos. Hace días que no se veían, y los dos sonríen. Les gusta estar juntos, les agrada tenerse al lado, necesitan tenerse de apoyo, sea quien sea el que lo necesite y el que enseñe, ambos acaban aprendiendo y estando alegres, aunque solo duré lo mismo que la visita.
El día les agradece la reunión con el cielo oscuro y cubierto de nubes grises, como a ellos tanto les gusta. Seguirá chispeando, para que todo pueda fluir, como las conversaciones.

Dedicado al ser que más me ayuda en todo. Como relato de continuación de “Tranvía de penas y dudas”, en una época más clara de mi vida, si hay alguna oscura. Escrito para recordarle a cierta persona que él también me tiene aquí para lo que sea, y que sus opiniones me son muy importantes.
Saludos y besos.

6.08.2005

Estudios temblorosos.

De aquí en adelante se acumularan problemas, como los exámenes o las reflexiones. Intentaré estudiar y no podré, pero lo conseguiré. Todo sea para luego poder disfrutar de lo que me quedará, de todo lo bueno que llegará. Hoy tiemblo porque creo que soy feliz, o eso espero. Sin comentarios…
Saludos y besos.
Más que nunca, Chema.

6.07.2005

Llantos de Nomada

No salía. No caminaba más allá de los cinco árboles que rodeaban su peculiar hogar. Nomada estaba reprimido en su cueva, encerrado entre las cuatro paredes que parecía que se le fuesen a caer encima. Estaba triste, raramente amargado por cosas que había visto y no le acababan de gustar. En aquellos primeros paseos después de su “resurrección”, se cruzo con una imagen que inundo sus ojos de lágrimas, y que se selló en su corazón. Aquellos muros, cimientos construidos encima de las cenizas de los bosques que el reclamaba suyos. Paseos entre aquellos gigantescos árboles, con la armonía del canto de las aves y del aire danzando entre las ramas. El caminar de seres a su alrededor, bichejos del bosque y duendes-topo encerrados en sus madrigueras y viéndolo pasar. Todo había desaparecido y Nomada se sentía solo, con el corazón destrozado y sin la vitalidad de semanas antes. Nomada se había consumido al igual que aquellos árboles al arder, preparando el terreno para la construcción de aquel monasterio colosal. El terreno que antaño sirvió a aquellos seres para vivir, ahora era la zona de oración, ocio y trabajo de aquellas mujeres pertenecientes a una hermandad religiosa. Otra. Miles de conventos, monasterio y ermitas. Ciudades repletas de monjes/as, curas, obispos y frailes. Todos teniendo un pan que llevarse a la boca y un buen atuendo, solo por encerrarse a la vida eclesiástica, mucho más siniestra de lo que nuestros ojos ven. Nomada se llenaba de ira al ver que aquel terreno acababa siendo el suelo que pisan esos humanos detestables a los cuales les guardaba tanto rencor. Charlatanes y creyentes en una religión construida a base de mentiras. ¿Dónde iba a llegar aquel planeta, si la naturaleza muere para que sobrevivan seres como ellos? Inútiles llantos de Nomada resonaban en los alrededores, mientras compartía inconscientemente un pensamiento con más de media humanidad, y con millones de otros seres. Incluso las aves lloraban sus defecaciones sobre aquel “castillo” cuando sobrevolaban el terreno donde habían construido sus hogares en un pasado.

6.05.2005

Dos.

Como pasa el tiempo sin poder frenar ni para reflexionar. Quedándome dos semanas para finalizar el curso, y con ello, acabar con el sufrimiento y dolor de cabeza que me vienen dando los exámenes, y la preocupación de aprobar el curso limpio. Hace ya una semana que cuando me acuesto me es difícil conciliar el sueño, y cuando lo consigo es por poco tiempo ya que algo me acaba despertando. Aún así, permanezco en mi cama, inquieto pero adormilado, despierto pero cansado, derrumbado y sin poder hacer el menor esfuerzo para levantarme. Somnoliento y sin fuerzas, permanezco engullido entre las sabanas, pensando en las dificultades que se me vienen encima en estas dos semanas. La esperanza de que Ángeles pintados de negro bajen y me lleven con ellos es ínfima. Solo me queda agarrarme fuerte a lo que tengo, e intentar sobrevivir de esa ola que provoca este último trimestre. Suerte, que si paso sin rasguños y limpio de esta ola, podré fundirme en el paraíso de las vacaciones, y liberarme de la esclavitud que vienen siendo estos dos últimos meses. Dos meses ya encarcelado entre pensamientos, y que se repite como cada año. Esta vez ha sido diferente, pero aquí estoy, con dos suspiros en el corazón y recuerdos de dos meses atrás. ¿Lo recuerdas tú? No. Como vas a recordar que es hoy y porqué cuando miro hacia delante intento apartar la mirada. Palabras que escribo y ni siquiera puedes comprender. Me queda aún una llamada por teléfono para poder dudar más, reflexionar antes de ponerme a estudiar. Dibujar, Vagar entre papeles. Mirando papeles y escribiendo, guardando mis cosas, como un archivista. Entre folios y el olor de las velas aromáticas me perderé. Soñaré con que he vuelto al pasado, o que el futuro ya ha llegado a mí. Vagaré estudiando para aprobar, hasta el 18, para poder disfrutar por fin ¿o no? Ya se verá. Aún me quedará un deseo que pedir la noche de San Juan, entre el mar y los recuerdos, la arena de la playa, y el calor de las hogueras. En el reflejo del fuego en el mar, veré las dudas salir y desenvolverse. Dos meses. Dos semanas. Dos dudas. Dos doncellas. Dos oportunidades. Dos deseos ¿Cuántas historias se escribirán?

-Discos que escuchar de aquí al 18 de Junio: “Unidad de desplazamiento” de ‘Los Planetas’ y “Fin (de la primera parte)” de ‘Los Piratas’.

Saludos, desde mi Matadero Clandestino :P.

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