1.14.2005

El ave de mi Ira

Miraba el papel, penetrando en el, como si buscase algo en aquella hoja blanca, que continuaba estando intacta, en el mismo estado que cuando la cogí de mi carpeta. Dibujaba con la mirada líneas sueltas, que acababan uniéndose formando un dibujo en el aire, para luego desaparecer en mi memoria, sin poderlo retener. Acercaba mi lápiz al dibujo, pero continuaba sin hacerlo chocar contra aquella hoja de papel, aún no quería que la mina dejase su suave rastro sobre ese folio, no quería comenzarlo hasta que supiese con certeza que podría acabarlo, ya que mi mano estaba cansada y no tenía ganas apenas de utilizar aquel lápiz para copiar el dibujo que había dibujado en el aire con mi mente. Dejé inconscientemente el lápiz sobre mi plumier y puse ambos codos en la mesa, y los brazos formando un triangulo con esta. Las manos las uní, poniendo los dedos de una en el espacio que hay entre los dedos de la otra mano (cuyo lugar si recibe un nombre en especial lo desconozco). Así con ambas. Apoyé levemente mi barbilla sobre las dos manos, y dejé la mirada fija en la nada, con una expresión pensativa, pero sin llegar a pensar en nada concreto. Entonces, sentí un aire suave chocar contra mi cuello, y luego se expandió alrededor de mi cuello, produciéndome un suave cosquilleo en mi cuerpo, pero un gran temblor en mi mente. Noté un par de patas posarse sobre mi hombro, encima de mi camiseta Luego se amarraron fuertemente a mí, notando como se clavaban en mi hombro, atravesando mi camiseta. Noté como salía un finísimo hilo de sangre de donde se me habían clavado aquellas patas (o más bien parecían garras de lo fuerte que se agarraban a mi piel) y acababa quedándose entre mi camiseta y mi piel. Noté como unas suaves plumas se dejaron caer alrededor de las patas, llegando incluso a mi cuello, y bajando por mi espalda. Después de percibir aquellas rápidas sensaciones, giré mi cabeza rápidamente, y hallé junto a mí un ave de oscuro pelaje, que abrió aún más los ojos al notar mi reacción. Me fijé en aquellos ojos negros, en los que no se veía casi nada más que oscuridad, en la que en aquel instante me pude ver reflejado. Vi en aquel cristal oscuro mi cara reflejada, mi mirada penetrante en aquellos ojos, y como alrededor de mi reflejo se hacían unos tonos más claros hasta los límites de aquella visión. Aquel ojo no hacía nada más que contemplarme, expectante, tranquilo y sin cerrarse ni siquiera un momento. Ni siquiera se movía, solo miraba a un punto fijo, en el que me podía ver perfectamente y estar esperando mis siguientes reacciones. Viendo su estado de quietud, me pude fijar levemente en la demás características de aquella ave. Como ya vi en una primera visión era de un pelaje oscuro, mezcla entre negro y tonos grisáceos oscuros, aunque algunos un poco más claros. Su pico era recto, no tenía más que una pequeña curva al final. Luego, tenía unas plumas de un gris más claro que los demás situadas en la parte inferior de sus ojos, o por lo menos en el que yo podía visualizar, ya que el otro estaba fuera del alcance de mi vista. Me tranquilicé, dejé los hombros relajados y suspiré levemente. Aún así, la ave continuaba quieta, sin pestañear si quiera y mirándome fijamente. Moví ligera pero continuadamente mi hombro, para que reaccionase o se apartase de este, pero ni siquiera esquivo los movimientos ni intento escapar. Pero al rato, movió por fin su ojo hacia u lado, y luego su cabeza totalmente al frente, mirando a este, como señalándome algo. Le miré extrañado, pero al final miré por curiosidad al frente, buscando lo que atraía su mirada. Entonces mis ojos, lentamente lo identificaron, y en mi mente se inundó de la explicación de todo. Me quedé paralizado, totalmente petrificado por mi visión, pero tembloroso dentro de m cuerpo, lleno de sentimientos que hacía mucho que no había sentido, y llenó de un tipo de furia extraña, la cual era fruto de aquella visión. Entonces el ave comenzó a moverse ligeramente sobre mi hombro, intentando hacerme reaccionar. Luego, al comprobar que ni siquiera abría la boca para respirar, puso su pico enfrente de mi oreja, y lo abrió. Un suave aire totalmente vacío se dirigió hasta mi oreja, y una vez entró en ella, comenzó a girar, como si de una espiral se tratase, en todo su recorrido hasta mi mente, donde se convirtió en un remolino. Aquella palabra inexistente que aquel pájaro me había dicho rondaba en mi cabeza, y no paraba de hacerme estremecerme solo con pensar en ella. Comenzó a inundar, con la sensación que le correspondía, todo mi cuerpo, dominando todos mis otros sentimientos y pensamientos, excepto aquellos que podían ser utilizados a su favor. Mi mente se llenó de aquella palabra, mi corazón de aquella imagen, y mi cuerpo comenzó a temblar, como si me estuviese dando un ataque, pero nadie de mí alrededor parecía darse cuenta de mi estado, ni siquiera de que hubiese un ave posada en mi hombro, si es que realmente la había. El murmullo que el pájaro había dejado en mi oído, ya se había fundido con todo mi interior, dominando mi cuerpo y mente y aclarando las ideas sobre la reacción que iba a formular en breves instantes. Cerré los ojos. Cuando los abrí, el pájaro se estremeció al ver cumplido lo que había querido hacer desde u principio conmigo, y comenzó a estremecerse como si estuviese riéndose. De repente su cuerpo comenzó a deformarse, alargándose hasta que las plumas habían quedado en la parte de arriba, endureciéndose y creando un mango, Y sus huesos y su pico formando un ligero y largo material que formaba el filo de la herramienta con la que iba a realizar aquel acto. Cogí de aquel mango tan suave que habían formado las plumas del ave, y me dirigí hasta el frente, para cortar en dos con aquella espada a aquel que quisiera robarme algún objeto de valioso significado para mí, fuese el mismísimo diablo, un hombre cualquiera, un señor de las bestias o un gran dios. Incluso aunque fuese un asesino distinguido o incluso un rey de las tinieblas, probaría notar mi espada incrustarse suavemente en su pecho, agarrando su vida y arrancándosela de cuajo, aunque se fuese también junto a ella la mía.

0Escarabajos pensaron

Publicar un comentario

<< Home