2.18.2007

Yo, niño

“Chema…Chema… Despierta…
Te has quedado dormido, todo ha sido un sueño.”

Me desperté. Poco a poco fui abriendo los ojos mientras con mis manos intentaba despejarme, como si fueran agua. Acaricié mi corto pelo. Si, corto. Mis aún más pequeñas manos me recuerdan que aún soy un niño. Mi madre me deja la ropa encima de la cama, y se marcha a hacerme el desayuno. Me quito rápidamente el pijama y me enfundo en un chándal. Si, chándal. Salgo de mi cuarto y voy al estudio a recoger mis libros y ponerlos en la mochila, junto al estuche de lápices de colores y bolígrafos diversos. Mi madre al verme, me recuerda que me cambie de calzado. “Algún día saldrás a la calle en pijama” dice, mientras me recuerda cuanto me gusta dormir. Si, me gustaba y me sigue gustando, y no creo que cambie. Incluso las pesadillas le dan más emoción a mi vida, ojala todo se viviese como un sueño: sin miedo al final, sin temer las consecuencias y en blanco y negro. Si, siempre he soñado las mayorías de veces en un extraño formato de cine clásico, y eso que ese tipo de cine lo odio, y más ahora, de niño.
Bajo con mi madre y me compra un par de zumos para almorzar. No me gustan los bocadillos a la hora del almuerzo, me sientan mal… Prefiero un suave zumo, rico en vitaminas. Me gustaría más un choleck, pero a mi madre le parece que eso sería cuidarme mal. Ella está en contra de los bollicaos y toda la bollería prefabricada que las madres de hoy en día dan a sus hijos para almorzar o merendar.
En el colegio, continuó con mis sueños. Sueño despierto u dormido, pero sueño con salir de allí y volar hacía arriba, hacía muy arriba. O convertirme en un lobo, y correr muy rápidos, lejos de la escuela, de los compañeros, y que nadie me pueda alcanzar… y menos alguna serpiente. Odio las serpientes. Me dan miedo. Sus ojos me hacen ponerme nervioso, y creo que van a hipnotizarme como a Mowgli.
Al llegar a casa, y una vez como, hago los deberes y me paso la tarde jugando. Pero la parte del día que más espero es cuando llega mi hermano, él siempre sabe contarme cosas entretenidas, o aún más divertido es cuando jugamos al ordenador juntos, o a algún juego que aprende en el instituto. Me gusta pasarme las tardes viendo como el se pasa los juegos d ordenador, y yo me imagino que soy el personaje que vive esas aventuras.
A veces, cuando mi madre hace filetes de ternera empanados, le echo una mano: bato los huevos o rayo el pan, y luego me encanta empanar la carne y dejarme las manos todas pringosas. Pero odio cuando, al poner la carne en la sartén, me salpica el aceite. ¡Duele!
Después de ver la tele, mis padres me mandan a la cama. Como soy muy pequeño y tengo miedo, mi madre se acuesta conmigo y me canta algo, o nos pasamos la noche hablando, hasta que cierro los ojos, y abandono ese feliz hogar familiar para ir a otro aún mas bonito, donde mi felicidad no tiene límite. Ojala no vuelva nunca más, pienso.

2.06.2007

Blonde

Tráfico en mi autovía nasal. Miles de mucosidades que me atascan la salida del túnel. El pitido de sus bocinas me ensordece y me mareo. ¿Por qué no dejan de clonar ovejas e inventan un antídoto instantáneo a estos virus gripales tan molestos?

Sin embargo, pasado el medio día, en el tranvía me sorprende una bocanada de aire fresco. Cuanto habría dado por oír una sola palabra salir de esa preciosa boca. Tu camiseta azul ha sido el cielo donde ha volado mi imaginación, y tu rubia melena la fragancia que perseguían mis embriagados ojos. Y sonreías al mirarme ¿Por qué? Que pensarías, a quien te recordaba o si tenía alguna mancha de pintura me he preguntado. Pero no me has podido contestar con el silencio que nuestras miradas se han dado.
Me he despedido mentalmente cuanto te has quedado esperando el autobús, y, como si me oyeses oído telepáticamente, has sonreído. ¿Serás alguna preciosa mutación inexplicable? Solo sé, que nadie contestará nunca estas preguntas…



Photobucket - Video and Image Hosting
(Pintura en clase de color, que viene al pelo)

2.05.2007

Cítrico

Lo último que piensas cuando te despiertas es porque lo haces. Incluso cuando tu cuerpo camina mecánicamente hasta el cuarto de baño, tu mente sigue inundada por la oscuridad de tus sueños. Intento bañarme lo menos posible la cara, pues aún dormiré un poco más en el coche, mientras mi padre me lleva al hogar vocacional…

No me acuerdo de que espero encontrar al llegar hasta que abandonó el automóvil y entro por esa pesada puerta. Poco a poco voy reencontrándome con el significado de mi temprana aparición por tal edificio. Amor al arte lo llaman. Llevar manchas oscuras por el cuello y en la nariz, y que no me preocupe que me vean así. Y aún se me va más la cabeza cuando se me exprime en la mano la mandarina que me quería comer de almuerzo. Su ácido cítrico se me cuela en la retina, y una lágrima cae por mi mejilla. Hoy parece que estaba predestinado a llorar. Y es que hay días en los que no debería de abandonar la cama. Hoy nada existe más que varios pinceles y tubos de pintura, las desconocidas melodías de Radio 3 y mi omnipresente melancolía. Si no fuese por esto, me pregunto si alguna mañana dejaría de dormir…

Ojala algunos días pudiese pasármelos durmiendo para vivir los siguientes de golpe. Hoy dormiría, para no pensar… Solo soñar, con que me como otra mandarina…

2.01.2007

Dolor

La rabia se me escapa por los ojos. Se me nubla la vista, la mente, todo. Dicen que es mi propio deseo el que me empuja a torturarme. Posiblemente lo sea, pero me parece inevitable. Rompería todas las fotografías de alegres parejas. Borraría de mi filmoteca mental todas las películas que hablan de historias felices. Arrancaría y echaría al fuego las páginas de libros de poesía en las que aparece escrita la palabra amor. Pintaría de negro todos los demás colores. Tacharía de mis escritos todas las letras que contiene tu nombre. Y aún así, mas perdido estaría en mi absurda melancolía.

Ódiame. Insúltame. Golpéame. Azótame. Átame. Tortúrame. Asfíxiame. Clávame la daga de tu desprecio. Escúpeme. Pellízcame. Agóbiame. Háblame de lo absurdas que te parecen mis teorías. Cuéntame macabras historias fuertemente al oído. Grítame que no quieres verme. Destrózame. Aniquílame. Olvídame y oblígame a olvidarte. Hazme todas las putadas que quieras.

Pero por favor, no me sonrías. No me recuerdes que te quiero y que no sé por qué.