2.05.2007

Cítrico

Lo último que piensas cuando te despiertas es porque lo haces. Incluso cuando tu cuerpo camina mecánicamente hasta el cuarto de baño, tu mente sigue inundada por la oscuridad de tus sueños. Intento bañarme lo menos posible la cara, pues aún dormiré un poco más en el coche, mientras mi padre me lleva al hogar vocacional…

No me acuerdo de que espero encontrar al llegar hasta que abandonó el automóvil y entro por esa pesada puerta. Poco a poco voy reencontrándome con el significado de mi temprana aparición por tal edificio. Amor al arte lo llaman. Llevar manchas oscuras por el cuello y en la nariz, y que no me preocupe que me vean así. Y aún se me va más la cabeza cuando se me exprime en la mano la mandarina que me quería comer de almuerzo. Su ácido cítrico se me cuela en la retina, y una lágrima cae por mi mejilla. Hoy parece que estaba predestinado a llorar. Y es que hay días en los que no debería de abandonar la cama. Hoy nada existe más que varios pinceles y tubos de pintura, las desconocidas melodías de Radio 3 y mi omnipresente melancolía. Si no fuese por esto, me pregunto si alguna mañana dejaría de dormir…

Ojala algunos días pudiese pasármelos durmiendo para vivir los siguientes de golpe. Hoy dormiría, para no pensar… Solo soñar, con que me como otra mandarina…

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