10.25.2005

Sonrisita a medias tintas.

No sé que esperar de la vida, y quizás sea porque va a llegar lo que deseo, aquello que llega cuanto menos lo esperas. Le he pedido tanto a la vida y he esperado tanto de ella quieto, que no quiero más que caminar yo solo para obtener algo, y me alegraré con ver una rosa sangrar sobre un gris cielo húmedo. Tengo sueños por cumplir, y un rostro al que dibujarle una eterna sonrisa, ahora que ya no me exigen que la tenga.
Solo me necesito a mi mismo para daros las gracias a aquellos que habéis leído mis tristes posts y entendido en el fondo de un largo silencio. Por haberme soportado día a día y por seguir haciendolo. Muchas gracias de verdad. Os daré todos los besos que me pidáis para agradecéroslo eternamente. Espero que empiece una nueva etapa más alegre, aunque hasta después de los primeros exámenes no será :P.

10.24.2005

A la plage

Tengo los ojos cerrados y aún así es como si los tuviese abiertos. Una pequeña lámpara alumbra desde la mesita todo el dormitorio. El edredón de color rojo esta casi por el suelo, y las sabanas revueltas. Permanezco tumbado, con la cabeza apoyada en una de mis manos y mirando hacia el otro lado de la cama, vació. Un suave viento entra por la puerta abierta de la terraza, y empuja con galantería las cortinas, haciéndolas bailar forzadas por su petición. Las mueve, al compás del sonido que el mismo produce, una y otra vez, en ocasiones suavemente, otras con más fuerza. Me levanto, ágil y es como si me encontrase en el cuerpo de un niño recién nacido, joven y vivo, como nunca. Todo parece desconocido, y los sentimientos supuestamente nuevos recorren al completo mi interior. Da la sensación de que es la primera vez que respiro, que tomo el aire con mis pulmones y lo expulso por mi boca, extasiada y debilitada, aún recién revivida. Salgo al balcón, chocando en el camino contra las danzantes cortinas y su respectiva pareja choca contra mi rostro, estirando mi cabello hacia atrás hasta que se escurre entre sus manos. Allí, apoyada en la barandilla esta ella, escuchando los susurros de las olas que intentan dar mensajes a la orilla, de parte de la bella luna que se refleja en el mar de donde nacen. Me situó a su lado. Escuchamos ambos, y sin embargo no pronunciamos palabra alguna. El aire comienza a bailar a nuestro alrededor, acercándose cada vez más, y rozándonos, nos hace juntarnos y abrazarnos, envolviéndonos por completo nos obliga a besarnos…
Es la primera vez, que no me arrepiento de tener una obligación en forma de promesa, y más al saber que esta basada en un sueño tan real, que al dormitar con él en mente, sentí esos labios y ese desconocido aroma, del cual se impregnaba todo mi cuerpo… Pronto, o al menos no falta tanto para la noche en que el viento nos reunirá para por fin obligarnos a estar abrazados sin poder salir... ¿Aunque quien desearía escapar de tan bella prisión? :)

Mejorando

Más alegre se me hace el día a día, este fin de semana ha resultado ser más positivo respecto a los anteriores. ¿Quizás haya sido la ausencia de alcohol en mi cuerpo? Lo dudo, ya hacia mucho que era así. ¿Será que ha estado plagado de grandes conversaciones y risas con la peña de siempre? Tampoco, con ellos únicamente salí una noche y fue demasiado corta y silenciosa. Y si tampoco he dibujado, ni escrito ni casi salido de estas cuatro paredes ¿Qué será?... ¿Será la gran compañía que he tenido a mi lado todo el rato dándonos mimos y siendo los más grandes amigos de nuestro mundo? Posiblemente lo sea, porque si no hubiese sido así y ella hubiese faltado que mal me lo hubiera pasado… Gracias por endulzar un fin de semana, que tras esta semana parece hacerme creer que esto va mejorando… Ha sido un fin de semana mejor…
Dedico a quien la quiera una sonrisita :)
Saludos. Hkron1.

10.21.2005

Testecillo

Haber si por fin me dejaís un comment todos los que deciís ser lectores míos pero que me leeís en la clandestinidad. Va, atreveos a poner un comment con vuestro nombre y yo:

1. Te responderé con algo aleatorio sobre ti.
2. Te diré que canción o película me recuerda a ti.
3. Elegiré un sabor de gelatina para hacer no sé qué coño contigo xD
4. Diré algo que sólo tenga sentido para ti y para mí.
5. Te diré mi primer recuerdo claro sobre ti.
6. Te diré a que animal me recuerdas.
7. Te preguntaré algo que siempre me he preguntado de ti.
8. Si hago esto por ti deberás postearlo en tu espacio.

Saludos y comentarme!. Hkron1.

3ª parte y final

Pasan los minutos y nos desesperamos. Roberto toma la decisión de marchar a por combustible en la gasolinera más cercana que exista, y su novia la de acompañarlo. No me muevo del coche, aún notando un calor quemarme de abajo a arriba, enlazando mi cuello en llamas y notándolo al respirar. Cuando los dos comienzan a marcharse, mi amiga decide marchar con ellos también ya que, según me comenta al darme un beso en la mejilla antes de salir del coche, necesita urgentemente ir a orinar y, ya de paso, comprar algo de comer. Los veo desaparecer en la oscura sombra del horizonte, desde este lugar tan al sur que parece sumergido bajo tierra.
Parece que las agujas de mi reloj de bolsillo se hayan ralentizado, y los segundos sean pesadas horas sumergido en un silencio que ni yo ni la persona que tengo a mi lado deseamos asesinar. Apoyo mi brazo en la ventanilla y sobre este mi cabeza, y comienzo a cerrar los ojos, intentando descansar y dejar de pensar. Estoy notando llegar la calma y que consigo respirar mejor cuando siento un movimiento a mi costado. De repente, dejo de apoyar mi cabeza sobre mi brazo y giro levemente la cabeza a mi derecha, chocándose mi nariz contra la suya, que ha avanzado con sus labios hasta llegar a los míos. Mi confusión se refleja de tal manera en mi rostro que ella se siente satisfecha y se vuelve a alimentar de mi duda y sorpresa. Me mira fijamente. Parece reprocharme que me calle, aunque lo este disfrutando. Sin mediar palabra ninguno, ella abre la puerta del coche como si se hubiese enfadado y estuviese harta de esperar que reaccione y por una vez yo inicié el proceso, y se sienta apoyada sobre el automóvil.
Me quedo una vez más paralizado, mientras maldigo mi cobardía, apenándome más aún por mí. Su voz interrumpe de nuevo en mis pensamientos sugiriéndome de una forma interrogativa que salga de mi escondite. Bajo y tras dar la vuelta al vehículo, me siento a su lado, a medio metro de distancia. Me vuelve a guiar con sus palabras y a petición suya, me acerco más. La confusión que turba mis sentidos y pensamientos, parece que puede ser todavía domable e consigo romper con mi parálisis acercándome mi rostro al suyo. Parece estar satisfecha y me entrega el objeto de mi búsqueda. Mi cuerpo tiembla de pánico y miedo, mientras algunos remordimientos sienten asco. Un día tan trágico, y yo en tales actos. Mi alma que se ha empezado a regenerar en el viaje y tras la parada, vuelve a introducirse entre sus relucientes y puntiagudos dientes. Mis ojos, que parpadean al compás del temblor que los nervios provocan, observan ligeramente sus embriagantes ojos, esculpidos en oscura madera rojiza. Dan la falsa sensación de ser lentillas. Una vez más volvemos a unir nuestros, por leves centésimas de segundo, labios, y bebe de nuevo mi alma de la copa de mi boca. Un ruido a lo lejos aparece, y que no nos despista en nuestra ajetreada tarea. Dirijo el vibrador que tengo por mano a su suave brazo, y lo aprieto suavemente y froto, dándole un poco de calor a ese frío cristal en el que reside una leve llama. El ruido una vez descifrado por mis oídos, se convierte en el sonido de un coche al acercarse. Lo miro de reojo sin dejar de mirar a Iv. Dejo de darle importancia y me dedico más a controlar los sismos que mi mente provoca a todo mi cuerpo, ni que tuviera una batidora por corazón. Parece que venzo poco a poco mis temores, y ella cada vez le ofrece menos dedicación a la acción por cada segundo que pasa absorbiendo mi insignificante y penosa alma. Me vuelve a distraer el sonido al acercarse mas y detenerse, parando de golpe a escasos metros de nosotros. A Iv también le ocurre lo mismo al oír dos puertas abrirse.
Tres jóvenes de edad de escasa madurez, pero si más viejos que yo, se acercan a nosotros. Los dos, inconscientemente, nos levantamos sin un porque obvio mientras ellos empiezan a dirigirnos las palabras. Cuestiones estúpidas y peticiones ilegales que no hacen más que desperdiciar el tiempo, y aún más de destrozar el ambiente recreado de los aseos. La negación a sus deseos, que claramente no podemos satisfacer aunque lo deseásemos, los enfurece. Uno en particular se comienza a poner violento, y comienza con las amenazas. Sé que no es hora de hacerme el valiente, y aún así no me contengo en mi estado de cobarde de toda la noche, aún así esto no me dura mucho, y comienzan a exigir otras cosas, que si podemos satisfacer pero que no deseamos mucho. Intentamos acabar confundiéndolos y llevándolos a nuestro territorio hasta que el más furioso, o mejor dicho, drogado de todos, saca un arma de fuego de su chaqueta. Mi capacidad de reacción recibe un infarto y va al coma. No puedo reaccionar mientras ella es avasallada continuamente. Una sucesión de imágenes rápidas pasa por delante de mis ojos, violentamente ocurre todo y a la vez se oscurece la imagen. Amenazas, insultos, discusiones,…Un estruendo entre las imágenes y el ritmo se acelera aún más, y los tres se marchan corriendo, mientras gritan a voces diferentes cosas. Desplomándose el cuerpo de Iv, que consigo alcanzar y con el que caigo sentado a tierra. Mis manos comienzan a calentarse, bañadas en el líquido que sale de esa fría estufa humana. Su mirada parece perderse hacia arriba, aún más de donde le alcanza, y yo no dejo de mirar abajo, como todo se humedece. Aprieto con fuerza para que no salga más, pero no lo consigo. Ahora si que puedo decir que mi día de color negro pena se ha tintado de rojo sangre, como pensaba anteriormente el los aseos, hacía menos de tres horas.
Miro al cielo en búsqueda de que algo baje, y lo veo oscuro, completamente, como si hoy las tinieblas hubiesen invadido el reino de los ángeles. La calle, iluminada únicamente por la luz de las farolas, se oscurece en la zona que ocupan nuestros dos cuerpos y en toda aquella por la que se expande la sangre. Ella murmura algunas palabras que no llego a entender.
Noto como se han encendido algunas ventanas, y aunque nadie se decide a bajar, puedo suponer que han marcado el teléfono de la policía. Me sentía inútil e impotente. Pasaba el tiempo y me sentía más solo, más triste y sin nadie que me consolase. Me sentía demasiado joven para una pena tan grande. Vi la ambulancia llegar. Dejé a Iv recostada en la pared cuando fui a guiar a la ambulancia, perdida un poco entre las carreteras. Mi cuerpo estaba empapado en sangre, y mis vestimentas eran rojas y negras, como mi vida. Mientras daba explicaciones a los de la ambulancia y los guiaba a donde había dejado a Iv, vi asomarse a lo lejos un coche patrulla. Tampoco me importo el pensar que podría pasar la noche en comisaría. Pero me empezó a importar más cuando, llegados al lugar, una mancha de sangre permanecía expandida en el suelo y sola, sin nadie a la que le perteneciese. Mi mente se nublo y sentí como me desmayaba y no lo conseguía aún deseándolo. Nada, ni un rastro, ni nadie. Parece que Satanás ande de fiesta cerca de aquí. Y a mí, me gustaría haber elegido la primera opción, esa que parecía la más triste y que hubiese sido incluso más alegre que la escogida. Sin duda, he conocido a un ser inmortal esta noche. A una diosa vampiro con rostro de ángel caído. A la reina y señora de toda mi alma.

BSO del relato: "Malas Noticias" de Los Suaves.

10.19.2005

(2ª parte)

Continúo unos instantes quieto, sentado en el suelo encharcado de a saber que líquidos. Me pregunto si todo es un sueño y realmente estoy muerto tumbado en el sofá de mi casa. Pero no es así. Hoy parece que los ángeles no han pasado por mi lado.
Tras un rato de intentar poner mi mente de nuevo al control de mi cuerpo y de mis actos, consigo levantarme e ir a adecentarme el pelo, hasta el momento, totalmente desecho y con innumerables enredos. Me lavo un poco la cara, y me entretengo en notar mis húmedas manos al contacto con mis mejillas, las que arden de tal manera que parece que haya una hoguera en mi boca. Estiro un poco la piel hacia abajo, hasta poder ver bien abiertos mis ojos, y una vez me puedo ver decentemente, salgo de allí.
Me dirijo hacia mi grupo de amigos, mientras pienso en que si le cuento esto a mi mejor amigo, solo me creería porque en estos asuntos sabe que no tengo porque mentirle, aunque le sonaría la historia igual que uno de esos fantasiosos cuentos infantiles. No encuentro directamente a la gente, y voy mirando a un lado a otro de la abarrotada sala, hasta que al final reconozco a uno de los miembros entre la multitud. Me voy acercando mientras observo y distingo a más gente del grupo, que parece estar relacionándose con un minoritario grupo de desconocidos para mí. Cuando los alcanzo, me dirijo a saludar de nuevo, como si fuera un ritual amistoso, a mi fiel compañero, cuando distingo a una de las amigas hablando con una silueta femenina de espaldas, que no consigo reconocer. No termino de chocarle la mano a mi amigo cuando, en uno de esos actos de rutinaria cortesía, la compañera se lanza a presentarme a su desconocida compañera. O eso creía. La visión de su rostro hace apretar aún más mi puño, y notar como mi corazón se retuerce como un trapo al escurrirlo. No contesto mientras de su boca sale su nombre, pronunciado en rojo, el cual entra y se mezcla directamente con el negro de mi mente. Se acerca a darme los dos típicos besos, mientras mi cabeza ni siquiera se mueve a correspondérselos. Iv me mira con una sonrisa que cruza casi todo su estrecho rostro. Todo pasa más rápido de lo que creo, y salgo del local siguiendo a todos, a mis amigos, a sus amigos, y a ella. Reparten en grupos a la gente para su transporte en los coches, aparcados en diferentes lugares. Mi mejor amigo se marcha con su compañera a otro coche, mientras me dejan a mí con una de mis consoladoras amigas, un conductor desconocido al que poco después me presentan, la pareja de este y Iv. Iv me mira y es como si únicamente me dijese que no recuerda nada y quiere que se lo recuerde. Caminamos hacía una plaza del centro de la ciudad, cercana al lugar del que partimos, mientras mi amiga me sujeta y me habla, pregunta y rechista, mientras yo únicamente me callo y contemplo más delante el andar de Iv. Es como si ni siquiera levantase los pies y se deslizase como un fantasma. Una sombra perpendicular al suelo, y que tiene el rostro más bello de cualquier ser viviente y muerto.
Llegamos al coche y mientras el conductor se prepara y pone en el radio cassete uno de esos discos de música disco, yo me situó al lado izquierdo de los asientos de la parte trasera. A mi lado la amiga, y al de ella, Iv. En el asiento de copiloto la novia del conductor. Arrancamos sin que yo aún me haya enterado de a donde marchamos. Mientras a mi lado, una baila al compás de la música, yo permanezco quieto, alternando mí mirada con el oscuro paisaje de las anaranjadas carreteras nocturnas de la ciudad y la visión de Iv, quieta y sonriente, mirando hacia delante, sin percatarse de mí presencia ni una vez tan siquiera. Suelta bromas escabrosas, y algún comentario sobre la noche o el grupo de gente, siempre poniendo verde a aquel que falta. Roberto, que así es como se llama el que nos desplaza en su automóvil (o eso creo recordar, aunque qué importa su nombre), nos sugiere el parar un momento a fumarnos los, recién liados por su acompañante, porrillos. Yo me callo, mientras los demás acceden, excepto Iv, quien también permanece en silencio, y en esta vez si se gira y me mira en silencio, una diminuta sonrisa esta dibujada en sus labios, pero ningún comentario. Paramos y se baja Iv para que así la otra pueda pasar delante a fumar, mientras ella vuelve a entrar. Ahora aún más cerca y aún así, silencio. Mi miedo me vuelve a hacer callar, y es que tanta pena me ha sellado la boca. No tardan demasiado en acabarse los suministros ya elaborados, y tras liarse otro, deciden marcharnos. La amiga se sienta esta vez al lado de la ventanilla y deja a mi lado a la que, hacía menos de hora y media, me había devorado el alma para sustituirla por dudas y penas que ahora vagaban en mi interior. Roberto intenta arrancar en vano. El motor carraspea pero no llega a encenderse. Vuelve a intentarlo en dos ocasiones más ni nada. Mira un momento el indicador de combustible y se maldice una y otra vez. Maldita la gracia de tener como conductor a un maldito rácano que le cuesta hasta llenar el depósito de su coche. Lo que me faltaba, tirados en el principio de un barrio del sur de la gran ciudad, donde el silencio pasea por las calles y donde parece que deberemos permanecer un buen rato. No sé que pensar, si es mejor o peor incluir que además permanezco a la izquierda de la que hasta ese momento y desde esa misma noche era un motivo de dudas y penas, y la que pronto se convertiría en la reina de mis pesadillas.

10.16.2005

Iv

La mañana ha pasado y la tarde esta en su punto final. El día parece no haber servido de nada, encerrado entre los barrotes que rodean el instituto. Suena el timbre y luego mi móvil. Llamada de un mensajero de desgracia. Mi mente se turba y, lo que no ha sido un buen día, se va tiñendo aún más de negro “pena”, con tonalidades de rojo sangre. La salud de un anciano familiar muy cercano ha empeorado. Me obligan a no volver a casa y me dan dos opciones: encerrarme en un hogar en el que se respirara la tristeza, o marcharme allá donde quiera, con una compañía amigable que me compadezca y me ayude a olvidarme de la mala noticia. Prefiero la segunda ya que no me gusta el obvio infierno que significa la primera.
Dejo en las manos de los demás la planificación, y sigo al lado de una amiga, que me guía hacia su casa. Agradezco su invitación, y la rechazaría si no fuese porque no tengo otra opción. Me consuelan ella y otra amiga que ha acudido a la cena. Sirven pasta bañada en tomate, acompañada de unas cuantas cervezas. Mis ojos no transmiten ninguna señal de alegría, y mis labios permanecen rectos y juntos, como unidos por la tristeza que me invade. Con comentarios alegres y alguna que otra broma intentan sacar una linda sonrisa de mi boca, y alguna les acabo dedicando para que se queden satisfechas, pero nada más.
Marchamos hacia uno de esos lugares que, un viernes como el de hoy, se llenan de jóvenes en busca de diversión y que llevan mochilas repletas de alcohol y drogas, como mis compañeros. Entramos en un garito y sirven una ronda a todos, excepto a mi que la rechazo. Aburrido e inquieto, devoro mis uñas pensando en el infierno de día que he sufrido. Me olvido por un instante que aún no ha acabado.
Me levanto y me dirijo a los aseos cuando me cruzo con una imagen que me paraliza. Otra puñalada de este magnífico día directo al corazón. Las palabras no me salen de la boca, a ella tampoco, y al otro, ni digamos. Sin disculparme siquiera, los dejo para entrar a mi principal destino, y bañarme la cabeza en agua. Más negro pena. La peor y más infantil reacción sería la de bañar este color con alcohol, por eso la elijo.
Salgo y mientras intento pasar de todo mí alrededor, voy pidiendo una y otra copa, las que voy acumulando en mi cuerpo, mientras me aconsejan que me controle. Poco tardaré en volver a los servicios. Muy poco. Me acompañan esta vez dos amigas, que no me discuten, solo me ayudan y me comprenden. Es un mal momento.
Salimos del lugar para marchar a otro, que se distingue por tener un ambiente musical mucho más selecto. Yo ni siquiera hago ni el mínimo esfuerzo por menear mi cuerpo, no me apetece. Junto a mi mejor amigo, me paro en uno de estos cómodos asientos y pido otra copa. Humo inyectándose en las venas de todos. Mi mente, oscura por las tonalidades expuestas hoy ante mis ojos y oídos, chilla silenciosamente, desgarrándose a sí mismo con el inmortal grito.
Me levanto e intento guiarme por mi instinto hacia una de esas habitaciones repletas de retretes que esta misma noche he visitado en el garito. En mi camino, o yo en el suyo, me choco contra una persona. De género femenino y con una edad semblante a la mía, se queda perpleja viendo mis nublosos ojos. Me agarra fuerte con su brazo, como aprisionándome con las cadenas que tiene como manos. Me guía hacía el cuarto de baño de las mujeres, y me ayuda a entrar y comenzar a vomitar. Doy asco, expulsando lo que hace apenas veinte minutos me he metido en el cuerpo. Aún así me contempla, orgullosa de verme con semejante aspecto. En cuanto paro, se arrodilla delante mió y me limpia con un pañuelo el rostro. Sentando en uno de los retretes de señoras de un pub me limpian el vomitado del rostro mientras me acarician el pelo. Sin duda alguna, estoy muy cerca del infierno, y noto las llamas en cada caricia que me da con sus dedos rozando mi cabello, grasiento y sucio. Con un dedo me acaricia un labio mientras que con los demás agarra mi barbilla y dirige mi cabeza hacia la suya. Siento como mi alma se escapa por entre mis dientes y veo como mis ojos como se cuela por sus fosas nasales. Respira de mi tristeza, de mi pena, de mi absolutamente deprimente rostro. Devora todo al igual que mis labios, muertos y abandonados de cualquier sentimiento razonable. Y cuando quizás su existencia este consiguiendo que se me escape una sonrisa de mi prisión, me deja ahí, tirado, me lanza el pañuelo al suelo y cierra la puerta. Nada más. Lo último que oigo es la puerta de los servicios al cerrarse impidiéndome oír sus pasos alejarse. En uno de los extremos del pañuelo, un nombre, apodo o parecido, lo único que me queda ya, escrito en rojo sangre, para diluirse en el negro que ha marcado la noche. Y solo pone un nombre monosílabo:

Iv.

10.06.2005

Nuevas generaciones

Llantos desgarradores rebotando en las cableadas paredes del subsuelo. Extrañas máquinas inyectan sus cables a los nuevos proyectos, a través de los cuales los cuidan y les administran las sustancias necesarias para sobrevivir y desarrollarse. Ente tubos y cables a los que están conectados, los pequeños cuerpos crecen y van tomando forma, mientras reciben de estos informaciones previas para comenzar a sufrir en la vida a un paso por delante de las anteriores generaciones. Su, aún deforme, rostro expresa la crueldad que les enseñan esas herramientas electrónicas de la nueva tecnología. Los están creando con un objetivo único: sobrevivir y ser ejemplos vivos de una sociedad que se mueve en ciudades oscuras y llenas de maldad, corrupción, perversión, destrucción. Son los bebes de la nueva generación. Las próximas víctimas de este mundo.

10.05.2005

Me gusta...

12 de la mañana en Valencia, España. ¿Quién no ha oído la canción “me gustas tú” de Manu Chao? A uno le gustan tantas cosas que podría hacer otra canción igual con gustos propios. Aún con un poco de sueño, me despierto y me siento bien. Pongo una canción alegre y la oigo una y dos veces hasta que me parece que ya no es tan alegre y pongo otra para seguir con una sonrisa en la boca, sin una de esas amargadas caras de antes. Miro la mesa del ordenador y la veo repleta de lápices y material de dibujo. En el centro esta expuesto el último dibujo que hice anoche, en esta ocasión un trabajo de clase elaborado con lápices de color, inspirado en un anuncio de Yves Saint Laurent. Qué bonito me está quedando ^^. Cada día que pasa mi carpeta esta más llena, y eso me gusta. El año pasado estaba casi vacía, igual que yo supongo. Sin ilusiones no se vive, y doy gracias a que este curso yo tengo unas cuantas. Porque, me gusta mi vida, me gustas tú.
Besos y abrazos. Hkr0n1’’.