10.21.2005

3ª parte y final

Pasan los minutos y nos desesperamos. Roberto toma la decisión de marchar a por combustible en la gasolinera más cercana que exista, y su novia la de acompañarlo. No me muevo del coche, aún notando un calor quemarme de abajo a arriba, enlazando mi cuello en llamas y notándolo al respirar. Cuando los dos comienzan a marcharse, mi amiga decide marchar con ellos también ya que, según me comenta al darme un beso en la mejilla antes de salir del coche, necesita urgentemente ir a orinar y, ya de paso, comprar algo de comer. Los veo desaparecer en la oscura sombra del horizonte, desde este lugar tan al sur que parece sumergido bajo tierra.
Parece que las agujas de mi reloj de bolsillo se hayan ralentizado, y los segundos sean pesadas horas sumergido en un silencio que ni yo ni la persona que tengo a mi lado deseamos asesinar. Apoyo mi brazo en la ventanilla y sobre este mi cabeza, y comienzo a cerrar los ojos, intentando descansar y dejar de pensar. Estoy notando llegar la calma y que consigo respirar mejor cuando siento un movimiento a mi costado. De repente, dejo de apoyar mi cabeza sobre mi brazo y giro levemente la cabeza a mi derecha, chocándose mi nariz contra la suya, que ha avanzado con sus labios hasta llegar a los míos. Mi confusión se refleja de tal manera en mi rostro que ella se siente satisfecha y se vuelve a alimentar de mi duda y sorpresa. Me mira fijamente. Parece reprocharme que me calle, aunque lo este disfrutando. Sin mediar palabra ninguno, ella abre la puerta del coche como si se hubiese enfadado y estuviese harta de esperar que reaccione y por una vez yo inicié el proceso, y se sienta apoyada sobre el automóvil.
Me quedo una vez más paralizado, mientras maldigo mi cobardía, apenándome más aún por mí. Su voz interrumpe de nuevo en mis pensamientos sugiriéndome de una forma interrogativa que salga de mi escondite. Bajo y tras dar la vuelta al vehículo, me siento a su lado, a medio metro de distancia. Me vuelve a guiar con sus palabras y a petición suya, me acerco más. La confusión que turba mis sentidos y pensamientos, parece que puede ser todavía domable e consigo romper con mi parálisis acercándome mi rostro al suyo. Parece estar satisfecha y me entrega el objeto de mi búsqueda. Mi cuerpo tiembla de pánico y miedo, mientras algunos remordimientos sienten asco. Un día tan trágico, y yo en tales actos. Mi alma que se ha empezado a regenerar en el viaje y tras la parada, vuelve a introducirse entre sus relucientes y puntiagudos dientes. Mis ojos, que parpadean al compás del temblor que los nervios provocan, observan ligeramente sus embriagantes ojos, esculpidos en oscura madera rojiza. Dan la falsa sensación de ser lentillas. Una vez más volvemos a unir nuestros, por leves centésimas de segundo, labios, y bebe de nuevo mi alma de la copa de mi boca. Un ruido a lo lejos aparece, y que no nos despista en nuestra ajetreada tarea. Dirijo el vibrador que tengo por mano a su suave brazo, y lo aprieto suavemente y froto, dándole un poco de calor a ese frío cristal en el que reside una leve llama. El ruido una vez descifrado por mis oídos, se convierte en el sonido de un coche al acercarse. Lo miro de reojo sin dejar de mirar a Iv. Dejo de darle importancia y me dedico más a controlar los sismos que mi mente provoca a todo mi cuerpo, ni que tuviera una batidora por corazón. Parece que venzo poco a poco mis temores, y ella cada vez le ofrece menos dedicación a la acción por cada segundo que pasa absorbiendo mi insignificante y penosa alma. Me vuelve a distraer el sonido al acercarse mas y detenerse, parando de golpe a escasos metros de nosotros. A Iv también le ocurre lo mismo al oír dos puertas abrirse.
Tres jóvenes de edad de escasa madurez, pero si más viejos que yo, se acercan a nosotros. Los dos, inconscientemente, nos levantamos sin un porque obvio mientras ellos empiezan a dirigirnos las palabras. Cuestiones estúpidas y peticiones ilegales que no hacen más que desperdiciar el tiempo, y aún más de destrozar el ambiente recreado de los aseos. La negación a sus deseos, que claramente no podemos satisfacer aunque lo deseásemos, los enfurece. Uno en particular se comienza a poner violento, y comienza con las amenazas. Sé que no es hora de hacerme el valiente, y aún así no me contengo en mi estado de cobarde de toda la noche, aún así esto no me dura mucho, y comienzan a exigir otras cosas, que si podemos satisfacer pero que no deseamos mucho. Intentamos acabar confundiéndolos y llevándolos a nuestro territorio hasta que el más furioso, o mejor dicho, drogado de todos, saca un arma de fuego de su chaqueta. Mi capacidad de reacción recibe un infarto y va al coma. No puedo reaccionar mientras ella es avasallada continuamente. Una sucesión de imágenes rápidas pasa por delante de mis ojos, violentamente ocurre todo y a la vez se oscurece la imagen. Amenazas, insultos, discusiones,…Un estruendo entre las imágenes y el ritmo se acelera aún más, y los tres se marchan corriendo, mientras gritan a voces diferentes cosas. Desplomándose el cuerpo de Iv, que consigo alcanzar y con el que caigo sentado a tierra. Mis manos comienzan a calentarse, bañadas en el líquido que sale de esa fría estufa humana. Su mirada parece perderse hacia arriba, aún más de donde le alcanza, y yo no dejo de mirar abajo, como todo se humedece. Aprieto con fuerza para que no salga más, pero no lo consigo. Ahora si que puedo decir que mi día de color negro pena se ha tintado de rojo sangre, como pensaba anteriormente el los aseos, hacía menos de tres horas.
Miro al cielo en búsqueda de que algo baje, y lo veo oscuro, completamente, como si hoy las tinieblas hubiesen invadido el reino de los ángeles. La calle, iluminada únicamente por la luz de las farolas, se oscurece en la zona que ocupan nuestros dos cuerpos y en toda aquella por la que se expande la sangre. Ella murmura algunas palabras que no llego a entender.
Noto como se han encendido algunas ventanas, y aunque nadie se decide a bajar, puedo suponer que han marcado el teléfono de la policía. Me sentía inútil e impotente. Pasaba el tiempo y me sentía más solo, más triste y sin nadie que me consolase. Me sentía demasiado joven para una pena tan grande. Vi la ambulancia llegar. Dejé a Iv recostada en la pared cuando fui a guiar a la ambulancia, perdida un poco entre las carreteras. Mi cuerpo estaba empapado en sangre, y mis vestimentas eran rojas y negras, como mi vida. Mientras daba explicaciones a los de la ambulancia y los guiaba a donde había dejado a Iv, vi asomarse a lo lejos un coche patrulla. Tampoco me importo el pensar que podría pasar la noche en comisaría. Pero me empezó a importar más cuando, llegados al lugar, una mancha de sangre permanecía expandida en el suelo y sola, sin nadie a la que le perteneciese. Mi mente se nublo y sentí como me desmayaba y no lo conseguía aún deseándolo. Nada, ni un rastro, ni nadie. Parece que Satanás ande de fiesta cerca de aquí. Y a mí, me gustaría haber elegido la primera opción, esa que parecía la más triste y que hubiese sido incluso más alegre que la escogida. Sin duda, he conocido a un ser inmortal esta noche. A una diosa vampiro con rostro de ángel caído. A la reina y señora de toda mi alma.

BSO del relato: "Malas Noticias" de Los Suaves.

2Escarabajos pensaron

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