8.31.2005

Amargos exámenes de septiembre

Ya estamos en la víspera del día 1 de septiembre, fecha de comienzo para los famosos exámenes de recuperación. Los estudiantes que deben acudir a ellos se hayan encerrados entre las cuatro paredes de su cuarto, estudiando y repasando las asignaturas suspendidas en junio y que deberían haberse preparado durante todas las vacaciones de verano, pero que en la mayoría de ocasiones no han hecho. Yo, en cambio, he salido a dar una vuelta como una noche de verano más. Al llegar al lugar de reunión de siempre, un parque situado casi al principio del pueblo, y al que popularmente se le añade el sobrenombre del pub que tiene al lado, me he deprimido al ver el panorama. Hoy el número de integrantes del grupo había disminuido. Unos cuantos ya han vuelto a sus casas de la ciudad (o pueblos en los que residen), mientras los que vienen ocasionalmente en verano ya marchan sin la intención de volver hasta antes del verano próximo, o como muy pronto en las fiestas de Pascua. Solo quedábamos siete. Hemos pasado la noche allí y en un lugar que uno de nosotros posee donde nos hemos metido a charlar y ver a nuestra nueva mascota, un gato negro que, pobrecillo, escupe sangre y tiene ojos de fumado (pero que mientras más lejos lo mantengan de mí mejor :P). Así que hasta, recién pasada la media noche, es decir allá las doce y pico nos hemos ido a dar una vuelta en la que la mayoría se ha marchado a casa a descansar o estudiar, ya que ellos son de los que mañana jueves deberán acudir a recuperar una o varias asignaturas. Así es que nos hemos quedado mi amigo Santiago y yo, comiendo cruasanes y conversando hasta que, llenos nuestros estómagos, hemos decidido ir a nuestros hogares, él a dormir, yo a continuar viviendo la noche pero desde mi casa, viendo la televisión, dibujando y escribiendo este post. De camino, acordándome de la obligación que muchos tienen el día uno y dos de este próximo mes, me he dado cuenta de cómo un año más ha pasado el verano sin que aprovechase para practicar dibujo artístico (excepto en hacer unos monigotes más), ni parándome a leer un libro, ni tan siquiera en hacer el cuadernillo de ejercicios de verano de inglés que me habían mandado realizar y que yo, en un acto de brillantez, he encargado hace tres días xD. Si es que nos proponemos mucho para el verano y al final nos pasamos todos esos planes por donde siempre, excepto aquellos en los que vienen incluidas las palabras “fiesta”, “alcohol” y “chicas”. Pero intentaré apretarme el cinturoncillo a última hora para que no me dé un tirón de no haber ejercitado la mente en tanto tiempo en cuanto a cuestiones estudiantiles se refiere. Por lo menos no tengo que recuperar ninguna ^^. Saludos
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Canción para escuchar: “Mr Es Beautiful Blues” de EELS, para que recordemos aquellas juergas que ya nos gustaría que nos hubiésemos pegado :P.

8.27.2005

The childhood is dead.

El tiempo pasa. Cada día que salgo no me doy cuenta de que es uno más que pasa y que no volveré a vivir. Pasan desapercibidas las horas, y no tanto los años. Aún así pasan tan rápido que cuando te pones a reflexionar sobre ellos te das cuenta de los cambios que se han producido a lo largo de estos. Me miro al espejo y ya no veo al mismo niño de doce años que se quedaba en casa los viernes por la noche. Ya no veo la misma inocencia en mi mirada y ahora oculta esta mi infantil sonrisa. Miro a mi alrededor y todo me parece tan impuro, tan perverso, tan oscuro que asustaría a aquel infante que era hace tan solo cuatro años. Los años no solo nos cambian a nosotros por pasarlos, sino que cambia a las personas sin tan solo vivirlos. Las nuevas generaciones no son iguales a las anteriores, y si las miro fijamente me aterrorizo al contemplar los cambios que se han producido en estas. Comparo a estas conmigo a aquella edad, y me quedo perplejo al notar como yo era un ángel de la bondad comparado con los adolescentes a los que ahora aventajo en años. Sumergidos ya en las drogas desde antes de los catorce años, empezando por el alcohol y acabando por la cocaína y la marihuana. Saliendo con los amigos por la noche hasta profundas horas de la madrugada, con el único propósito de relacionarse con las personas del sexo opuesto. Relaciones sin acercarse a lo emocional, solamente deseadas para la práctica sexual. Niñas desvirgadas a edades casi anteriores a la llegada de la “marcada” regla, niños violentos con el ansia de disfrutar haciendo daño, rompiendo reglas, maltratando lo que les rodea. La fantasía e imaginación propias de la edad desaparecen ante sus ojos, los que no notan la marcha al estar tan apurados en observarse crecer, exigiendo a su cuerpo su máximo desarrollo. Desean vivir como adultos ya, mientras en su mente aún queda un poco de ese sentimiento de felicidad propio de la Infancia. Se esfuerzan en aparentar una madurez mayor a la que poseen, y se ayudan con sus vestimentas, similares, o mejor dicho, idénticas a las de los adolescentes que les sacan media década. Niñas que visten diminutas minifaldas, cambian las infantiles bragas de dibujitos por insinuantes tangas y se marcan su aún pequeño busto con tops ajustados. ¿Por qué? ¿Cuál es el motivo para que se destruya la dulce belleza del angelical e inocente rostro de una, todavía, niña? Simultáneamente, los chicos dejan a parte los juegos propios de la edad por la búsqueda de nuevas sensaciones, relacionadas en la mayoría de casos con las drogas o el sexo. Quizás el deseo de algunos de que el infierno llegué a la tierra se esta realizando a través de esas nuevas generaciones que devoran a aquellas que aún pensaban en que el buen comportamiento en la sociedad y el cumplimiento de las leyes era algo realmente necesario y justo. Generaciones en las que ofrecer tu asiento a una persona anciana o discapacitada era de lo más normal. Puede ser que haya estado viviendo demasiado como un niño y mis infantiles fantasías estén aún vivas dentro de mi mente. Demasiado vivas. No sé si será que aún no he madurado y soy el único por hacerlo. A lo mejor este atrasado respecto a los demás en este aspecto y soy el único que aún se mueve en ocasiones por el niño que lleva dentro. Podría ser que a todos les parece natural e idóneo estos comportamientos, y que yo en realidad es que he vivido demasiado en un mundo demasiado bonito, irreal. De todas formas, mi lado infantil llora al ver como toda esa magia que le sorprende y ese mundo puro y feliz con el que desea se destruyen en pedazos, como los sueños al abrir los ojos. Aunque sea al único que le desagrada esta visión del mundo, siento que el futuro se destroza en pedazos, ya que ya no hay niños que lo mantengan con los pilares que construyen a base de sueños y deseos. Bueno, es mejor que deje de escribir, y oiga como lloro por dentro al no querer crecer. Saludos.

-Canción para escuchar: “Lullaby” de The Cure.

8.26.2005

Ninguna hora más.

Estoy saboreando cada momento que pasa, las horas nocturnas que se resbalan ante el amanecer. Recuperando cada minuto perdido de este verano que a casi nada me ha sabido. Noto que unas voces me llaman desde una grieta de ahí abajo, y si las busco me encuentro. No me ha dolido abrasarte con mi silencio, ignorándote. Ha sido difícil contenerme, pero ahora es gratificante. He perdido horas de mi poderoso tiempo junto a ti, y no quiero desperdiciar ni tan siquiera una más. Ni una más.

8.23.2005

Encerrado un amanecer

Ummmm… Un rico amanecer. Otro día más sale el sol para que la naturaleza pueda despertar, para que el día comience y la gente acuda a sus trabajos. Otros, ahora que la calles dejan de estar bañadas en un mar de sombras, aprovechan para llegar a casa y acostarse, cansados después de una larga noche de ocio, tal y como suelo hacer yo la mayoría de estos días de verano. Pero hoy no. Hoy amanece y yo estoy despierto sin haber pasado la noche junto a los amigos. Ni siquiera puedo ver salir el sol y como la luz le gana terreno a la oscuridad sin que esta pueda evitarlo. Me es imposible observar el comienzo del día porqué estoy encerrado en un sótano, un extraño garaje de centro comercial situado bajo tierra de un lugar que desconozco. Me he perdido entre puertas y puertas y he llegado a parar aquí, enfrente de una furgoneta en un oscuro desierto en el que solo hay paredes y pilares. Noto como estoy cerca de un lugar siniestro, oscuro, macabro… Miro sorprendido el reloj. Me he olvidado del tiempo y he estado ya un par de horas aquí. Voy a ver si consigo salir de este “Infierno” sin cruzarme a ninguna criatura extraña en algún urinario de hombres semejante a las tinieblas. Cuando consiga acostarme, quizás ya haya amanecido del todo y no pueda devorar un amanecer más. Qué pena…

8.22.2005

Fría noche de verano

Una litrona a la derecha y un amigo a la izquierda. Todos juntos, algunos revueltos, otros más bien “contentos”. Risas y más risas que no se pueden parar con las obligaciones del día que se avecina. Pasan las horas, y cada vez están más cercanas al amanecer. No veremos el sol hasta despertarnos, el sale cuando nosotros nos acostamos y se va abajo cuando nosotros nos despertamos. Se marcha cuando salimos, y se viene con nosotros la luna, eterna amiga, nuestro faro, nuestra hermana. Escondidos entre la oscuridad de los edificios, nos sentamos a conversar, beber y reír. Poco más se le puede pedir, aunque siempre exijamos más. Ansiamos tener toda la diversión posible, abarcar risas, fiesta, alcohol y sexo, y nunca se alcanza. Quizás no nos lo hayamos propuesto bien. Lo pensamos todos, y pocas veces nos lo decimos los unos a los otros. ¿Falta de comunicación? No lo creo, de comunicación nos sobra. ¿Falta de confianza? Posiblemente, ¿o no? Nunca se sabe. Sin que la luz de la luna haga posible la total visión de nuestros rostros, nos miramos los unos a los otros, intentamos leernos las mentes inútilmente.Sentimos como el extraño aire de verano nos enfría los desnudos brazos. Pensando en mis cosas, los miro, miro el paisaje, edificios oscuros alrededor de unas escaleras, y que, misteriosamente, me agrada de una forma especial. Me suena el teléfono. Una perdida, un mensaje. Ahora, ya tengo en que pensar mientras observo ese “especial” paisaje y los oigo conversar. Ya solo me queda llegar a casa y poder soñar, ¿por fin?

8.15.2005

Cenizas

Todo arde. Las pilas de sueños se prenden fácilmente y de ellas salen grandes humaredas. Solo quedan cenizas y me veo arrodillando recogiéndolas con mis manos mientras el viento se las lleva. Pero no lo hago. No sé si siento esa perdida, o únicamente me da igual. Hay periodos en la vida en los que las cosas cambian repentinamente. Es difícil aceptar que las cosas han cambiado, y mucho más acostumbrarse a tener que adaptarse a estos cambios. Las montañas de cenizas que hay a mí alrededor, brillando debajo del reflejo del sol, me recuerdan mis visiones de un verano especial. Mi sueño de una noche de verano, nada parecido al de Shakespeare, desapareció tras las barreras de la imposibilidad. Nada queda ya, y no sé que hacer, que pensar, en qué soñar. He ido de puntillas, viendo un camino que parecía llevarme a buen paradero, pero acabo de encontrarme con el precipicio final, por donde han caído las últimas cosas en las que pensaba. Y yo no he caído, que pena. Obsesiones imposibles cerradas en la más clandestina de las prisiones. Nada es como deseas, y menos como sueñas. Una carretera por la que todos circulan, y en la que yo me he quedado atascado. Me he inmovilizado y solo miró los demás seguir con sus vidas, con sus sueños metidos en maletas y con alguien a su lado. No tengo maleta y estoy rodeado de las cenizas que han dejado los que nunca estuvieron a mi lado. Mi carril esta oscuro y me recuerda a la soledad. No le puedo pedir cuentas a nadie porque mis deudas me ahogarían. ¿De qué sirve estar ahí si sigo sin poder moverme, sin poder vivir? Mi suerte no la desean ni los más desgraciados. Aún no he aprendido a vivir y no hay azar que me enseñe con sus oportunidades. Veremos que puedo hacer si tampoco puedo llorara ya que en lugar de lágrimas tengo cenizas. Cenizas de algo que tampoco supe apreciar lo suficiente, y ahora poco me queda, tendré que apreciarlo por si nada fuese a quedar. Ojalá no fuese a cambiar, y que la desdicha acabase conmigo de un estacazo final. Como odio mirarme y ver mi sonrisa seria y el pesimismo reflejado en mis ojos. Ni saber de que hablar, duele mucho más que no tener que amar, que abrazar, que soñar…