The childhood is dead.
El tiempo pasa. Cada día que salgo no me doy cuenta de que es uno más que pasa y que no volveré a vivir. Pasan desapercibidas las horas, y no tanto los años. Aún así pasan tan rápido que cuando te pones a reflexionar sobre ellos te das cuenta de los cambios que se han producido a lo largo de estos. Me miro al espejo y ya no veo al mismo niño de doce años que se quedaba en casa los viernes por la noche. Ya no veo la misma inocencia en mi mirada y ahora oculta esta mi infantil sonrisa. Miro a mi alrededor y todo me parece tan impuro, tan perverso, tan oscuro que asustaría a aquel infante que era hace tan solo cuatro años. Los años no solo nos cambian a nosotros por pasarlos, sino que cambia a las personas sin tan solo vivirlos. Las nuevas generaciones no son iguales a las anteriores, y si las miro fijamente me aterrorizo al contemplar los cambios que se han producido en estas. Comparo a estas conmigo a aquella edad, y me quedo perplejo al notar como yo era un ángel de la bondad comparado con los adolescentes a los que ahora aventajo en años. Sumergidos ya en las drogas desde antes de los catorce años, empezando por el alcohol y acabando por la cocaína y la marihuana. Saliendo con los amigos por la noche hasta profundas horas de la madrugada, con el único propósito de relacionarse con las personas del sexo opuesto. Relaciones sin acercarse a lo emocional, solamente deseadas para la práctica sexual. Niñas desvirgadas a edades casi anteriores a la llegada de la “marcada” regla, niños violentos con el ansia de disfrutar haciendo daño, rompiendo reglas, maltratando lo que les rodea. La fantasía e imaginación propias de la edad desaparecen ante sus ojos, los que no notan la marcha al estar tan apurados en observarse crecer, exigiendo a su cuerpo su máximo desarrollo. Desean vivir como adultos ya, mientras en su mente aún queda un poco de ese sentimiento de felicidad propio de la Infancia. Se esfuerzan en aparentar una madurez mayor a la que poseen, y se ayudan con sus vestimentas, similares, o mejor dicho, idénticas a las de los adolescentes que les sacan media década. Niñas que visten diminutas minifaldas, cambian las infantiles bragas de dibujitos por insinuantes tangas y se marcan su aún pequeño busto con tops ajustados. ¿Por qué? ¿Cuál es el motivo para que se destruya la dulce belleza del angelical e inocente rostro de una, todavía, niña? Simultáneamente, los chicos dejan a parte los juegos propios de la edad por la búsqueda de nuevas sensaciones, relacionadas en la mayoría de casos con las drogas o el sexo. Quizás el deseo de algunos de que el infierno llegué a la tierra se esta realizando a través de esas nuevas generaciones que devoran a aquellas que aún pensaban en que el buen comportamiento en la sociedad y el cumplimiento de las leyes era algo realmente necesario y justo. Generaciones en las que ofrecer tu asiento a una persona anciana o discapacitada era de lo más normal. Puede ser que haya estado viviendo demasiado como un niño y mis infantiles fantasías estén aún vivas dentro de mi mente. Demasiado vivas. No sé si será que aún no he madurado y soy el único por hacerlo. A lo mejor este atrasado respecto a los demás en este aspecto y soy el único que aún se mueve en ocasiones por el niño que lleva dentro. Podría ser que a todos les parece natural e idóneo estos comportamientos, y que yo en realidad es que he vivido demasiado en un mundo demasiado bonito, irreal. De todas formas, mi lado infantil llora al ver como toda esa magia que le sorprende y ese mundo puro y feliz con el que desea se destruyen en pedazos, como los sueños al abrir los ojos. Aunque sea al único que le desagrada esta visión del mundo, siento que el futuro se destroza en pedazos, ya que ya no hay niños que lo mantengan con los pilares que construyen a base de sueños y deseos. Bueno, es mejor que deje de escribir, y oiga como lloro por dentro al no querer crecer. Saludos.
-Canción para escuchar: “Lullaby” de The Cure.



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