12.27.2005

Ennegrecido Aniversario

Abro la puerta. Todo esta lleno de oscuridad, y el frío que hace cola detrás de mí, intenta colarse rápidamente,lo que es inútil ya que en cuestión de segundos se mezcla con el calor de la habitación. Entro sin más distracción y cierro tras de mí la puerta, impidiendo que más aire helado intenté colarse. Qué buena, aunque peligrosa, idea fue dejar la calefacción en marcha mientras yo estaba ausente. Desaparecido entre los botellines de cerveza de un pub había estado toda la noche. Y es que por su precio, ya podrían ser ladrillos para construirme una casa, porque con lo que me gasto aquí en cerveza ya podría haberme comprado un coche en mi país natal. Me siento delante del ordenador y reviso el correo. Algún e-mail de felicitación, algún otro preguntando por mi tras mi inesperada desaparición y spam de más, como siempre. En cuanto leo lo necesario y elimino la basura acumulada, apago la pantalla y saco de debajo del escritorio unos folios. Comienzo a escribir una carta y me quedo en el "Querida…" Qué triste. La verdad es que las cosas no son muy alegres aquí, aunque el ambiente sea nuevo del todo. Un nuevo país, una nueva ciudad, nuevos compañeros, amigos e incluso conocidos. Nuevos bares, tiendas y demás, pero realmente lo único que he hecho es envolver en un paquete toda mi mierda y cambiarme de domicilio. Ahí en el suelo, cerrado todavía, esta el paquete, que ni siquiera me he atrevido a abrir. Antes, en el pub, tres compañeros de copas y yo hablábamos de cosas irrelevantes, cuando nos hemos sumido en un largo silencio. No era de dudar que todos estábamos sintiendo que las cervezas nos habían llevado a una melancolía profunda y nos sumergíamos en el recuerdo y añoranza de todo aquello que dejamos al facturar el billete. Pero, al menos yo, lo necesitaba.
A veces, uno se siente como muerto, vagabundeando en un camino que no tiene ni principio, ni fin, y ni siquiera unos cruces que escoger. Me pasaba anteriormente, porque me parecía estar viviendo algo que con mis acciones creía haber terminado. Pero, a mi pesar, todo empezaba de nuevo, las dudas otra vez surgían y esperaba otra vez a ver como crecía la cosa, hasta acabar con la duda y actuar. Me equivocaba. Si de algo me he dado cuenta en estas últimas fechas es de que, aunque creamos que es necesario mencionar algo para que se sepa, es mentira. Las cosas entre las personas se saben mucho antes de que se pronuncien, sobretodo cuando no paras de demostrarlo. Y si se saben y aún así todo continúa igual, es porque nada va a cambiar, terminé o empiece de nuevo. Qué lastima tan grande darme cuenta de ello cuando me he marchado para reflexionar sobre ello.
La carta sigue intacta, con la única palabra grabada, y sin embargo dejo tirado el bolígrafo en la mesa. Miro de reojo la caja, y a pesar de que recuerdo perfectamente que contiene, me agacho a alcanzar y, tras un poco de esfuerzo, consigo cogerla. Tranquilamente, voy destapando la caja, y en cuanto he quitado todo el celo que la mantenía cerrada, voy sacando poco a poco las cosas que guarda: Todas y cada una de las cartas que te escribí, selladas con la cera de mis ojos, cuando mi corazón se derretía poco a poco por el sufrimiento que me producía tu incierto amor; tus fotos, las más bonitas y las más preciosas, que nunca dejé de observar al escribirte; tus pertenencias, cada una con el pequeño y casi olvidado recuerdo de tu olor; los dibujos que, con las manos sucias de carboncillo y los ojos llorando lágrimas invisibles para ti, hice de tu rostro y cuerpo, cada vez más imperfectos comparados contigo; y en el fondo, debajo de tus prendas, y acompañadas de tu suave fragancia, salen disparados tus besos, tus caricias, tus abrazos, tus miradas, tus palabras,… me arañan a su paso la cara, pero ya nada me puede hacer tanto daño como el adiós. El saber que todo fue una ilusión y ya nada volverá a empezar…. ¿o no? Quien sabe si, después de bajar del avión, de vuelta a casa, mientras recojo mi equipaje vengas a darme un abrazo a traición, por la espalda, y sentir tu suave respiración de nuevo en mi cuello… Eso es algo que tú, y nadie más, tendrá que elegir…
Yo, ya tengo el billete de vuelta…

Canción sonando: Elefantes - "El cielo se va"


"Buscaré diez mil palabras
llenas de amabilidad,
frases dulces que te querían resucitar.

Tu olvidando que has perdido,
y yo llorándote otra vez.
Gente tan cercana y tan distante a la vez.

Oh, ¡¿dónde van?!

Y las calles tan discretas, y tus ojos sin llorar.
Son los coches quien nos dicen que algo va mal.

Y entre luces de naranja azules, gente murmurar.
Un cigarrillo ha caído en tu soledad.

Oh, ¡¿dónde van?!

Apagaré las luces del salón.
Quedará la oscuridad.
Parecerá que nada haya podido pasar.

Oh, ¡¿dónde van?!"


-Por cierto, bienvenidos y hospedaos con gusto en la reinaugurada bitácora ;)


12.04.2005

La última sonrisa... (continuación)

Seguí bebiendo más de la cuenta, y lo mezclaba con el sabor de sus labios, que me inyectaban en cada uno de sus besos un veneno adictivo, que cada vez que te hiere más por dentro sientes que lo necesitas más que nada. Siempre he dicho que no hay otro antídoto que probar de otro veneno semejante, y esa noche ni siquiera existía esa solución. Iv iba a arrancarme de cuajo la alegría, mis sentimientos y todas mis pertenencias, sobretodo las más inútiles. Casi ni hablábamos, conseguía algo casi imposible en mí, mantenerme callado y sin preguntar nada que ella no quisiera escuchar. Entre otras cosas, no pude pensar en preguntar con quien había venido, porque no estaba con ellos y si me había perseguido, aunque todo era deducible en ese punto. Apenas dejaba que mi propia mente funcionara por si sola y no se centrara en otra cosa que no fuese en ese rostro, esos fríos ojos que podrían hacer estremecer a cualquier mirada, por lo menos humana. Esa nariz que parecía oler mis desgracias y deleitarse con ellas, mientras sus lindas y pequeñitas orejas oían mis sufridas palabras. Su cuello, tan firme, terso y lechoso. Daba la sensación de que nada ni nadie hubiesen podido tocar esa zona tan pura, como si de un lugar del cielo se tratase. La observaba una y otra vez, entreteniéndome más en cada ocasión que enfocaba mis ojos hacía ella, que no eran pocas. Pasaba la noche, las copas con ella y los besos, que fueron convirtiendo la dormida resistencia en un deseo tan despierto como el gallo a primera hora de la mañana.
Justamente cuando este animal dejaba escuchar sus primeras canciones en los pueblos, nosotros habíamos salido de aquel agradable lugar, y tras unas largas despedidas, llenas de emociones, algunas miradas recelosas y consejos, a mi sorpresa decidí aceptar la sugerencia de Iv de marcharnos a su casa. No me fije en el trayecto que se podía divisar tras los cristales del taxi, sus labios me entretuvieron bastante bien. No tardamos mucho en llegar.
La fachada era la del típico piso de ciudad, situado casi a las afueras, rodeado de edificios nuevos, aunque este parecía más bien de una arquitectura algo antigua. Entramos, y no pudimos coger el averiado ascensor, lo que nos hizo subir los gigantescos escalones que había. Al menos seis pisos subimos, hasta llegar a la puerta. Era de madera y con un pomo, de los que parecen sacados de una película ambientada en la sociedad de la posguerra. La casa no era n sitio muy iluminado. Tenia pocas ventanas y pasillos muy largos, oscuros como las mismas entradas del infierno, y que parecido tenían a la realidad transformada. Las habitaciones, bueno, el cuarto de baño y el dormitorio que fueron las únicas en las que entré, tenían ventanas casi diminutas, lo que no permitía ver nada bien. Para colmo, me aviso que estaba de avería y no funcionaba la luz. La decoración de la casa se podía situar entre extraña, siniestra o paranormal. Tenía incluso en la puerta de su dormitorio, una de esas figuras de anatomía que se le ven los órganos y demás como perchero, lo cual daba algo de mal rollo. Aún así, me dejé llevar, y guiado por sus besos y caricias acabe tumbado en la cama. Primero arriba, pidiendo de mi algo más de actuación. Más iniciativa, aunque realmente me costaba. Conseguí llevar un buen ritmo con las caricias y los besos, aunque ella, sin parecer muy satisfecha cambio la posición. Me retuvo abajo y intento aprisionarme, cuya sensación me llego a transmitir rápidamente. Sus besos se hacían más apasionados y conseguía arrancarme en ellos mi alma, que desde su marcha se había podido regenerar. Además me quitaba el poco aire que llegaba a coger, haciendo que a mis pulmones no les llegase casi anda, atascada de los desechos carbónicos que me dejaba. Mi mirada se abrió ampliamente, y vi su rostro más claro que nunca en aquella oscuridad. La sonrisa de aquel que consigue su más preciado sueño, la mirada endiablada de un estafador, de un asesino al que le gusta su trabajo. Eso era lo que era, y lo estaba demostrando. No pude ir marcha atrás en el pasado, y no sé si lo hubiese hecho aún de saber lo que ocurriría. Mi mente se lleno de aquella imagen y nada más. El espacio del que salía todo aquello que ella ahora me robaba, se llenaba de un vacío inevitable. Los sueños, los sentimientos, los recuerdos, las sensaciones,… todo intercambiado por nada. Ni siquiera una última sonrisa se reflejo en mis labios, ya hacía que había dedicado la irrepetible. Y por eso, nada. Nada. Nada. Nada. Y sonrió. Pero nada.

Siempre me había preguntado que ocurre cuando morimos, como todos. He pensando en la posibilidad de una trasmigración de almas, de una relación entre una muerte y un nacimiento a la misma vez, sin poder llevarse uno ni el más mínimo recuerdo en el viaje. También esta la posibilidad menos probable de marchar a otro mundo, lleno de almas que disfrutan de una nueva oportunidad eterna. Yo, sin embargo, siempre me he quedado más con la opción de llegar a un lugar en el centro de la nada, donde puedas reflexionar, recordar, meditar, y aprender a mirar la vida desde otros puntos de vista. Una educación a deshora, y una meditación necesaria. Estar así, recordando y pensando hasta que, por fin, llegue la resurrección. Yo, ahora, la estoy esperando, pero aún no sé cuando llegaré. Mientras, seguiré descansando en esa cama, o en cualquier sitio al que me lleven los que ahora están tristes, para poder darme cuenta de mis fallos y que me den una oportunidad. Dormiré en paz hasta ese día… Dormiré…