La última sonrisa... (continuación)
Seguí bebiendo más de la cuenta, y lo mezclaba con el sabor de sus labios, que me inyectaban en cada uno de sus besos un veneno adictivo, que cada vez que te hiere más por dentro sientes que lo necesitas más que nada. Siempre he dicho que no hay otro antídoto que probar de otro veneno semejante, y esa noche ni siquiera existía esa solución. Iv iba a arrancarme de cuajo la alegría, mis sentimientos y todas mis pertenencias, sobretodo las más inútiles. Casi ni hablábamos, conseguía algo casi imposible en mí, mantenerme callado y sin preguntar nada que ella no quisiera escuchar. Entre otras cosas, no pude pensar en preguntar con quien había venido, porque no estaba con ellos y si me había perseguido, aunque todo era deducible en ese punto. Apenas dejaba que mi propia mente funcionara por si sola y no se centrara en otra cosa que no fuese en ese rostro, esos fríos ojos que podrían hacer estremecer a cualquier mirada, por lo menos humana. Esa nariz que parecía oler mis desgracias y deleitarse con ellas, mientras sus lindas y pequeñitas orejas oían mis sufridas palabras. Su cuello, tan firme, terso y lechoso. Daba la sensación de que nada ni nadie hubiesen podido tocar esa zona tan pura, como si de un lugar del cielo se tratase. La observaba una y otra vez, entreteniéndome más en cada ocasión que enfocaba mis ojos hacía ella, que no eran pocas. Pasaba la noche, las copas con ella y los besos, que fueron convirtiendo la dormida resistencia en un deseo tan despierto como el gallo a primera hora de la mañana.
Justamente cuando este animal dejaba escuchar sus primeras canciones en los pueblos, nosotros habíamos salido de aquel agradable lugar, y tras unas largas despedidas, llenas de emociones, algunas miradas recelosas y consejos, a mi sorpresa decidí aceptar la sugerencia de Iv de marcharnos a su casa. No me fije en el trayecto que se podía divisar tras los cristales del taxi, sus labios me entretuvieron bastante bien. No tardamos mucho en llegar.
La fachada era la del típico piso de ciudad, situado casi a las afueras, rodeado de edificios nuevos, aunque este parecía más bien de una arquitectura algo antigua. Entramos, y no pudimos coger el averiado ascensor, lo que nos hizo subir los gigantescos escalones que había. Al menos seis pisos subimos, hasta llegar a la puerta. Era de madera y con un pomo, de los que parecen sacados de una película ambientada en la sociedad de la posguerra. La casa no era n sitio muy iluminado. Tenia pocas ventanas y pasillos muy largos, oscuros como las mismas entradas del infierno, y que parecido tenían a la realidad transformada. Las habitaciones, bueno, el cuarto de baño y el dormitorio que fueron las únicas en las que entré, tenían ventanas casi diminutas, lo que no permitía ver nada bien. Para colmo, me aviso que estaba de avería y no funcionaba la luz. La decoración de la casa se podía situar entre extraña, siniestra o paranormal. Tenía incluso en la puerta de su dormitorio, una de esas figuras de anatomía que se le ven los órganos y demás como perchero, lo cual daba algo de mal rollo. Aún así, me dejé llevar, y guiado por sus besos y caricias acabe tumbado en la cama. Primero arriba, pidiendo de mi algo más de actuación. Más iniciativa, aunque realmente me costaba. Conseguí llevar un buen ritmo con las caricias y los besos, aunque ella, sin parecer muy satisfecha cambio la posición. Me retuvo abajo y intento aprisionarme, cuya sensación me llego a transmitir rápidamente. Sus besos se hacían más apasionados y conseguía arrancarme en ellos mi alma, que desde su marcha se había podido regenerar. Además me quitaba el poco aire que llegaba a coger, haciendo que a mis pulmones no les llegase casi anda, atascada de los desechos carbónicos que me dejaba. Mi mirada se abrió ampliamente, y vi su rostro más claro que nunca en aquella oscuridad. La sonrisa de aquel que consigue su más preciado sueño, la mirada endiablada de un estafador, de un asesino al que le gusta su trabajo. Eso era lo que era, y lo estaba demostrando. No pude ir marcha atrás en el pasado, y no sé si lo hubiese hecho aún de saber lo que ocurriría. Mi mente se lleno de aquella imagen y nada más. El espacio del que salía todo aquello que ella ahora me robaba, se llenaba de un vacío inevitable. Los sueños, los sentimientos, los recuerdos, las sensaciones,… todo intercambiado por nada. Ni siquiera una última sonrisa se reflejo en mis labios, ya hacía que había dedicado la irrepetible. Y por eso, nada. Nada. Nada. Nada. Y sonrió. Pero nada.
Siempre me había preguntado que ocurre cuando morimos, como todos. He pensando en la posibilidad de una trasmigración de almas, de una relación entre una muerte y un nacimiento a la misma vez, sin poder llevarse uno ni el más mínimo recuerdo en el viaje. También esta la posibilidad menos probable de marchar a otro mundo, lleno de almas que disfrutan de una nueva oportunidad eterna. Yo, sin embargo, siempre me he quedado más con la opción de llegar a un lugar en el centro de la nada, donde puedas reflexionar, recordar, meditar, y aprender a mirar la vida desde otros puntos de vista. Una educación a deshora, y una meditación necesaria. Estar así, recordando y pensando hasta que, por fin, llegue la resurrección. Yo, ahora, la estoy esperando, pero aún no sé cuando llegaré. Mientras, seguiré descansando en esa cama, o en cualquier sitio al que me lleven los que ahora están tristes, para poder darme cuenta de mis fallos y que me den una oportunidad. Dormiré en paz hasta ese día… Dormiré…


1Escarabajos pensaron
Bueno, pienso que para ser el útimo post, se merece un coment como no, no me gustaría que se quedara vacío, así que espero que mientras le des un descanso a tu blog, que no sea para siempre y que algún día vuelvas a escribir, porque ya sabes que tus relatos y tu forma de escribir valen mucho, y también quiero que sepas que mientras he estado leyendo todos tus relatos desde el principio, me han parecido muy bonitos, tristes, alegres...pero siempre con ese toque de sentimentalismo. Venga, ánimos y muchos besos^^.
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