Mírame
Horas que pasan sin que me hunda en el surrealista mundo de los sueños. Me acerco a la cama, y me tumbo únicamente para abrazar la almohada, como si fuese mi más preciada pertenencia. Tengo sueño y no me duermo. Insomnio ocupando el vacío que hay dentro de mí. Canciones repitiéndose, sirviendo de fondo a mis pensamientos. Bostezo, y aún así no consigo llegar a dormirme. Sombras entrando por las grietas, por la ventana. Botellas tiradas por el suelo y encima de la mesita. Me agarro la cabeza con fuerza y la estrujo, intentando calmar el dolor. Pesadillas andantes que se cuelan por las sombras y me llaman. Sueños que se marchan por debajo de mi cama, desapareciendo en la oscuridad. Las paredes se retuercen como mi mente, e intento cerrar los ojos con fuerza y no pensar. Aclarar sin agua mis turbios pensamientos. Un lápiz de maquillaje tirado en el suelo. Han salido espinas negras en mi cuerpo, e intento que hagan que me desangre aunque la pintura no pueda conseguirlo. Todo porque no hay nada, porque todo acaba y empieza como estaba, y no encuentro otra cosa con la que soñar. Soñar, desear, amar. Verbos que se relacionan y significados que no son explicables. Vestido de negro, estoy de luto porque todo esta muerto. El manantial de la vida esta seco y ningún sentimiento consigue nacer en mí. Que mal me quedo cuando te escucho y no oigo lo que deseo. Que difícil es seguir como siempre y no dejarse caer. Lágrimas contenidas dentro, sin poderlas saborear. ¿Serán dulces o amargas? Pasa el tiempo y no crece nada, y sigo esperando ver un brote salir de este infierno de cenizas, para agarrarme a el y crecer con él. Conseguir seguir viviendo. Viviré si consigo dormir, y me cuesta por ti. Voy a hacerme una horrible foto para que mires y sepas cuanto me estoy pudriendo. Abre los ojos y mírame marchar lejos de ti.
Verano: Noche
No me pondré una vez más a definir la noche, y menos su oscuridad. No es que no se merezca unos minutos la descripción de las calles por las que paseo en mi ruta nocturna, pero son siempre las mismas y ya me cansa su presencia. Inmóviles e inmutables. Semejantes y asquerosamente aburridas, sin un atractivo que me llame la atención. También es verdad que ¿Qué le puedo pedir a unas simples calles de pueblo con fachadas blancas y vulgares? Soy yo el que me aburre a mi mismo, y voy dando torpes pasos tropezándome con las mismas piedras. Busco lo que se que no voy a encontrar, y me paseo como un lagarto, intentando mudarme de lugar. Juego con dados del azar, y los lanzo con tan poco ánimo que ni siquiera miro el resultado. Quizás necesite un impulso y aún no se cuando llegará. Todo parece estar marchito a mi alrededor, y quizás es que es mi vitalidad la que se ha marchitado como la rosa que colgué hace un mes en mi cuarto. Pasa el tiempo y sigo siendo el mismo escarabajo, con una vida que parece continuar a pesar de todo. ¿Y qué va a ser lo mejor que me puede pasar?
Verano: Tarde
Cuando el sol ya esta a mitad de su recorrido, puede haber dos versiones de mi día. La primera es la que ocurre entre semana, cuando cojo el autobús para Náquera, donde ejerceré mi deber como voluntario forestal. Con dos amigos (Félix, Alex), tres “niñas” (no me sé ni sus nombres) y una “monitora” (Amparo) como equipo. Vueltas y vueltas montados en el coche, vagueando por las montañas sin nada mejor que hacer. Escucho música de mierda, pero mi mente me susurra esa Nana que me hace temblar. Una canción de cuna que me pervierte por dentro. Acabaremos la tarde mojándonos en la piscina de Félix, para notar como en el agua uno esta más cómodo, no se nota el agobio de las raíces del suelo que me aprisionan en esta realidad que no me agrada. Como dice un personaje de una de esas películas que me agradan y los demás odian, “Me repatea este mundo que habéis fabricado tan mal”. Llega la noche, lo más largo de mi verano, y donde más puedo disfrutar o llorar…
Verano: Mañana
Ya estamos a mediados de Julio y cada día hace más calor. Las mañanas me las paso en la cama, soñando con cosas turbias y poco sanas. Me revuelvo entre las sabanas que se me pegan al cuerpo por el sudor. Mi mente estalla por el dolor de cabeza que me invade. La noche anterior ni siquiera me tomé una copa y es comos i tuviese la peor de las resacas. Me cuesta levantarme, pero el cuerpo me lo pide finalmente. Primera parada por el ordenador, revisión del funcionamiento de Internet y de las descargas que se realizan, y abajo a desayunar. Medio vaso de cola cao y medio de leche, nada para acompañar. Enciendo la televisión y ni siquiera echan algo que valga la pena. El ambiente esta recargado y ni siquiera puedo irme con mis amigos a la piscina o a la playa, ya que a la tarde debo hacer mi trabajo como voluntario forestal. No sé ni yo que hago metido de voluntario, pero algo es algo. Me ducho y como. Una mañana más que acaba con la llegada del mediodía, y con la que cargo con los sueños de la espiral. Cada día me levanto pensando en los sueños diferentes, y casi un hilo invisible esta apunto de ahogarme. Ya se verá como sigue el día, de este extraño cuento de verano. Ahora ya sé que sentía Gaspard metido entre ese triangulo amoroso…
Cariño
Llovía sobre la ciudad. El cielo azul tenía tonos grises, que lo oscurecían a la vez que se iban haciendo más fuertes según la distancia. Caían gotas no muy frías sobre la ardiente ciudad, que desprendía el calor acumulado en fachadas y aceras. Un cierto humo se creaba por la reacción de la lluvia en contacto con el suelo. Las ventanas del metro se llenaban de pequeñas gotas que habían acabado chocando contra el, conducidas por el aire. Otra vez, el principio del vagón era mi lugar de reflexión, de observación, y donde los pensamientos tendían a acabar estando igual de dudosos. Gotas de agua se deslizaban por mi sudada frente. El calor que me producía la aglomeración de gente en el metro me estaba produciendo un sentimiento de ahogo. Mis piernas me dolían, cansadas de tanto caminar de un lado a otro. Las plantas de mis pies estaban como ardiendo por el sufrimiento. Todo era carne al rojo vivo y empapada, que al rozarse se escocía entre ella. Oía el sonido de las gotas al romperse contra el cristal, y escuchaba a medias las conversaciones de las personas de mí alrededor, y a la vez tan lejanas de mi mente. Mi cabeza me dolía más que mis piernas y pies, y quería arrancarme la dolorida piel, quemada por el sol que había estado brillando todo el día. Intente centrarme en algo, y mi mente se nublo. Un niño de poca edad, dos años aproximadamente, iba en un carro, puesto entre los cuatros asientos del metro. En uno de ellos estaba su madre, en otro su hermano, una mujer mayor desconocida y una niña de cinco añitos. La madre de la niña estaba de pie al lado de esta. El niño, por indicaciones de la madre, la cual había establecido una complicidad amistosa con la otra madre, acerco su mano pequeña y suave hacia la cara de la niña. Esta, que parecía estar ausente, le dejo hacer, y el, con cariño e inocencia, depositó la palma abierta de su mano en la mejilla de ella. Un tono suave y rojizo apareció en la parte inferior se los ojos de la chiquilla, de vergüenza, mientras el niño movía leve y suavemente la mano sobre la mejilla, con delicadeza. Las madres eran cómplices de aquellas caricias, infantiles, más allá de la primera apariencia de un tacto sexual. Era un gesto más profundo, de nivel tan complicado que parece imposible que puedan hacerlo dos infantes. Era cariño, del puro. Amor más allá de los límites de la pareja: amistad. Un roce que es más que puro intercambio de placer, un intercambio de complicidad, de afecto, de sentimientos más complicados de expresar e interpretar. Si el amor se puede hacer desde la inocencia y la pureza del alma, era ese un ejemplo. Mi dolor se calmó, y me di cuenta de que ese era el sentimiento más importante y al que menos atención prestaba. Mi sufrimiento se calma con la llegada de los recuerdos de un amor infante, un cariño dulce e inocente. De ahí, todo empeora o mejora, pero ese punto ya es amor.
Gritando
Las personas no sabemos respirar bien. Por eso contenemos más aire del necesario en nuestro cuerpo. Nos hinchamos e hinchamos, y notamos la presión del aire forzándonos. Algunos, de contener tanto aire, se mueren ahogados, y una pequeña lágrima sale de sus ojos. Otros expulsan ese aire contenido de formas diferentes. Yo gritaré esta noche fuertemente, expulsando todo ese aire, con los ojos cerrados y sintiendo mi cuerpo vibrar. Le echaré al viento todos mis últimos comportamientos de cobarde, y esos sentimientos de culpabilidad que no me dejan seguir. No se entenderá el nombre mencionado por la intensidad con la que lo pronunciaré. Mis venas se hincharan de tanta fuerza acumulada en mi garganta, y después de que la ira inunde el eco de la montaña, la tranquilidad vendrá con el silencio de las aves. Así, por fin, un extraño insecto tendrá espacio en mí para poder entrar, desgarrándome la boca, arañando mis entrañas, devorando mis órganos. Pero el dolor y la tristeza se habrán ido con la ira, y podré sonreír, para luego vivir. Vivir para sufrir. Dormir para morir. Esta noche, tardaré en acostarme. Besos desde la cima, antes de caer.
¿The end of the game?
Hace ya tiempo que me topé con una de esas maquinas de videojuegos. En la maquina había metida una moneda, y ya que la partida era gratuita la jugué. Se me dio tan bien, que le inserté otra. Otra y otra. Ganaba y ganaba. Pasaba los niveles con facilidad. Iba a vencer, por primera vez, y conseguir todos los niveles. Me emocionaba tanto ese juego que me sentía muy vivo y lleno cuando lo jugaba. Pero cuando todo iba mejor, en una partida importante, se me engancho la máquina. Ya no me pasaba los niveles, y las monedas que metía se enganchaban. Luego la máquina me escupía las monedas. Decidido en pasarme el juego ya que tan cerca había estado, metí monedas una y otra vez, sin darme cuenta que se podía sobrecalentar. No ha llegado hasta ese límite, pero he decidido parar. Estoy demasiado enganchado, y no puede ser. No voy a ganar en esa maquina, y todo es tiempo perdido mientras busqué ganar. Es hora de disfrutar de ese tiempo sin pensar en ese deseo tan especial. No me quedan monedas, y mucho menos esperanza. Es hora de salir del recreativo a seguir viviendo, y ya encontraré otra maquina en la que jugar. Han estado bien las partidas, pero nunca se puede conseguir ganar todas. Asumo que he perdido, y ahora debo retirarme. GAME OVER. Continue: 9 8 7 6 5 4 3 2 1 0
El cuento del pintor y la pintora.
“En una de esas aldeas de épocas de cuento, vivía un joven pintor, el cuál trabajaba pintando a las más bellas damas del reino. Pero no amaba a ninguna, y no sentía nada por ellas. Un día, conoció a una joven pintora como él. Ella tenía mejor mano que él, y sus obras eran más reconocidas que las del joven. Sin ser tan bella como las damas a las que pintaba, él joven pintor se enamoró de su rostro delicado y poco cuidado. Su enredado pelo le parecía el más bello de todos, por encima del de cualquier princesa. Los amigos del pintor le decían lo fea que ella era, pero él no lo permitía, y les corregía diciéndoles que era preciosa, y que sus bellos labios eran los de un mismísimo ángel. Un día, el joven pintor y la pintora se besaron, y él le declaró sus dulces sentimientos. Se amaron, pero por poco tiempo. La joven pintora, insegura, dejó al joven pintor. El pintor se lamentó y lloró por su desgracia amorosa. Pero pocos días después, el pintor se decidió a dejar de amarla, y que se fijaría en una joven más bella. Pero la pintora, por alguna razón desconocida, cambio su enredado y recogido cabello, por una melena larga y reluciente. Su cara sucia por la pintura, pasó a estar limpia y tener un tono rojizo, más alegre, más vivo. Cambió sus harapos de pintora, por lindas prendas de princesa, y más que nunca su belleza empezó a relucir por encima de todo. Los amigos del pintor, comenzaron a enamorarse de la belleza de ella. Mientras, a escondidas, el pintor se lamentaba porque no podía dejar de quererla, y ahora lo tenía más difícil con tantos pretendientes, aunque el la había amado antes de su cambio. Él sabía que ella no había cambiado, seguía siendo igual de preciosa, solo que ahora lo lucía. Él dudaba en volver a declararse a ella, ya que todo era extraño y dudoso, y aún tenía el sueño de que ella le siguiese amando, y por más esfuerzo que hiciese no podía amar a otra dama...”Lo que no sé y me intriga de verdad, es como acaba este cuento. Me gustaría alguna sugerencia, opinión,… Y si alguien me contase el final del relato, sería mucho mejor.Saludos. Recién llegado de correr xD. Hkr0n1.