4.27.2006

16 de Marzo...

El cielo parecía gotear y tu cabello se enredaba en mi mano. Mi estómago, que hacia un par de horas que no comía nada, se llenaba de sentimientos que tú me dabas directamente a la boca, y que yo tragaba sin masticar. Se escuchaba el movimiento de los brazos de los árboles y nuestros labios al chocarse. Estábamos sentados en un banco, en un patio ajardinado a la entrada de un museo abierto por el evento que ocupaba esos días. Con los ojos cerrados nos imaginábamos nuestro alrededor y solo veíamos nuestros besos convertirse en sueños dentro de nuestros cuerpos.

Nos habíamos puesto a andar, y nuestros ojos miraban nuestros rostros una y otra vez, y parecíamos dos niños jugando y dedicándonos besos y miradas seductoras. Estaba caminando por un camino soñado, y sonaba en mi cabeza una melodía que por esas fechas siempre recuerdo, y mil sonrisas transformaron en alegre la melancólica letra de la canción. No quise cerrar los ojos para no despertar.

Nuestros vasos se chocaban así como lo hacían nuestros labios húmedos por el líquido bebido. Las famosas horchatas ya invadían nuestro cuerpo cuando tu sonrisa se paró y pareció que toda risa terminaba y moría hasta otro día. Caminamos hacia el metro, yo con mi mirada preocupada mientras pensaba en medicinas para mejorarte.

Tu casa estaba vacía, y tu estado comenzó a mejorar mientras me enseñabas álbumes de fotos. Algunas páginas las saltabas antes de que pudiese verlas, posiblemente por vergüenza, y mi curiosidad aún se pregunta que escondías. Las horas pasaban y Nos tumbamos en la cama, llegábamos tarde pero no nos preocupaba. Te preocupabas por cosas sin importancia, y me miraste como una ingenua, que no sabe porque yo lucía una sonrisa en mi cara y parecía reírme de algo que tú desconocías. No dijiste nada, y yo no rectifiqué mi sonrisa. Agité la mano que tenía detrás de mi espalda y la dirigí a tu rostro, tapando tu boca con una preciosa rosa. Te miré y tus ojos, abiertos de sorpresa, se iluminaban con su propio esplendor. Comprendiste mi regalo, adivinaste que palabras habían detrás de ello. Era mi agradecimiento a cumplir un sueño, a convertir en realidad una cantidad de imágenes que había creado dormido, y ahora cumplía contigo. Esa noche aún fue mas completa, pero yo me quedo con ese momento. La rosa, fue realmente un beso, pero con el también te tapé la boca, y por supuesto, te di las gracias como sabía que te gustaría…
Tarde, pero lo hago. Gracias mi vida, por esas fallas que con tinta imperecedera están escritas en mi corazón.



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(Ilustración de Sandra... pero que bien dibujas, por dios!)

4.23.2006

Disculpas

Hace apenas una semana me pregunté si realmente era feliz, si todos aquellos sentimientos eran reales y duraderos, y si la sonrisa que lucía mi rostro no era forzada y la había dibujado algún precioso ángel hace dos meses, y se había quedado conmigo para siempre. Pues sí, soy feliz, o al menos lo era. Posiblemente siempre haya esperado más de lo que merezco, y será porque merezco mas bien poco, y es que me dieron un don o maldición, que es la de tener una facilidad para las palabras tan exagerada, que en ocasiones las utilizo sin ni siquiera pensar. Hablo de lo que no se, invento y miento, y es que únicamente me gusto cuando me miro al espejo y me escucho callado. Desde pequeño mis padres me repetían fábulas como la tradicional de “¡que viene el lobo!” hasta refranes como en boca cerrada no entran moscas. Hace poco escuché por primera vez el de “uno es esclavo de lo que dice y dueño de lo que calla”… y hoy soy esclavo de una frase mal dicha y en malas circunstancias. Y lo siento tanto que me detesto a mi mismo, estoy lleno de rabia y deseo desatarla solo conmigo. Golpearme hasta verme sangrar en el suelo. Quizás mereciese estar solo para que así mis palabras no dañasen a los que a mi alrededor están, pero la soledad me da miedo constantemente, y cuando no me lo da, no quiero marcharme de donde estoy. Y ahora, antes de decir un perdón sin fundamento o un lo siento sin contenido, prefiero narrar algo, un momento de hace 3 días, que ojala se repitiese continuamente hasta el infinito:

El agua se dejaba oír mientras se deslizaba entre las rocas. El paraje era verde, más quizás de lo que realmente suele ser, pero debió ser tu presencia la que le dio tal precioso color. Sintiéndome una vez más un niño, que tras comer a medias ese chocolate con leche abríamos nuestra sorpresa, me podía ver feliz a través de tus ojos, y tu sonrisa me decía que tu también lo eras. El nublado y grisáceo cielo dejó caer unas finas gotas que tu me alertaste de que comenzaban a caer. Nos abrazamos y sentí tu aliento en mi ropa, y me hundí en tu cabello. El sonido del agua era lo único que escuchaba en el exterior, mientras en mi interior gritos ensordecedores decían lo que tu ya bien sabes y que no voy a recordar. Y ahora lo repito, mientras me quiero ahorcar.

Perdonar sería lo sencillo. Olvídalo y quiéreme como yo sé ahora que te quiero, más que nunca, y sin ninguna duda que pueda asaltarme. Mil rosas rojas si hace falta mañana dejaré en tu portal cuando te llame….