Disculpas
Hace apenas una semana me pregunté si realmente era feliz, si todos aquellos sentimientos eran reales y duraderos, y si la sonrisa que lucía mi rostro no era forzada y la había dibujado algún precioso ángel hace dos meses, y se había quedado conmigo para siempre. Pues sí, soy feliz, o al menos lo era. Posiblemente siempre haya esperado más de lo que merezco, y será porque merezco mas bien poco, y es que me dieron un don o maldición, que es la de tener una facilidad para las palabras tan exagerada, que en ocasiones las utilizo sin ni siquiera pensar. Hablo de lo que no se, invento y miento, y es que únicamente me gusto cuando me miro al espejo y me escucho callado. Desde pequeño mis padres me repetían fábulas como la tradicional de “¡que viene el lobo!” hasta refranes como en boca cerrada no entran moscas. Hace poco escuché por primera vez el de “uno es esclavo de lo que dice y dueño de lo que calla”… y hoy soy esclavo de una frase mal dicha y en malas circunstancias. Y lo siento tanto que me detesto a mi mismo, estoy lleno de rabia y deseo desatarla solo conmigo. Golpearme hasta verme sangrar en el suelo. Quizás mereciese estar solo para que así mis palabras no dañasen a los que a mi alrededor están, pero la soledad me da miedo constantemente, y cuando no me lo da, no quiero marcharme de donde estoy. Y ahora, antes de decir un perdón sin fundamento o un lo siento sin contenido, prefiero narrar algo, un momento de hace 3 días, que ojala se repitiese continuamente hasta el infinito:
El agua se dejaba oír mientras se deslizaba entre las rocas. El paraje era verde, más quizás de lo que realmente suele ser, pero debió ser tu presencia la que le dio tal precioso color. Sintiéndome una vez más un niño, que tras comer a medias ese chocolate con leche abríamos nuestra sorpresa, me podía ver feliz a través de tus ojos, y tu sonrisa me decía que tu también lo eras. El nublado y grisáceo cielo dejó caer unas finas gotas que tu me alertaste de que comenzaban a caer. Nos abrazamos y sentí tu aliento en mi ropa, y me hundí en tu cabello. El sonido del agua era lo único que escuchaba en el exterior, mientras en mi interior gritos ensordecedores decían lo que tu ya bien sabes y que no voy a recordar. Y ahora lo repito, mientras me quiero ahorcar.
Perdonar sería lo sencillo. Olvídalo y quiéreme como yo sé ahora que te quiero, más que nunca, y sin ninguna duda que pueda asaltarme. Mil rosas rojas si hace falta mañana dejaré en tu portal cuando te llame….


1Escarabajos pensaron
Sniff...snif...sabes que siempre te perdonaré...aunque pase mucho o poco tiempo. Ambos sabemos que lo importante es lo que habita en nuestro interior...y que especialmente aguardará en mi corazón. Te quiero^^.
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