12.19.2007

Quiero volar

Siento escalofríos que recorren todo mi cuerpo. Acurrucado en mi cama, observo los charcos de lágrimas sobre esta. En silencio, intento pedir auxilio, pero mi lengua se siente torpe y totalmente inútil. Poco a poco, todo el calor se marcha de mi cuerpo, y solo queda esto, lo que siento.

Hoy me has mirado, y al fin he conseguido sonreír. Al menos, han sido un par de minutos. Me has dejado llorar junto a ti, y tu olor llenó todo mi interior. Mis ojos fueron vendados con tu bella sombra, y tapados mis oídos por tus delicadas palabras. Desorientado, comencé a nadar como un pez, entre las olas de mis sábanas. Pena que no sepa hacerlo bien, y tengas que venir a socorrerme. De tantas veces que me has salvado haciéndome el boca a boca, he acabado añorando tus labios. Y ya no puedo salir del océano de tristeza que me rodea. No si tú no me arrancas de él.

Y, aunque sea el enfermo, desearía cuidarte. Sí, porque mi inestabilidad emocional podría ser la dosis de dañina pasión que necesita tu rojizo corazón. Y porque nunca colores tan vivos me habían invadido. Pinto felicidad, pues carezco de ella. Debido a que necesito junto a ti estar, coloreo los días en los que me gustaría amarte.

Ops. Sí. Mierda. Te quiero esta jodida vez…

12.11.2007

No habrán sueños cumplidos que contar

Otra vez, el aire lleno de polvo, me cegó los ojos. Mi visión interrumpida por pequeños granos de arena, el resto de los sueños que ayer tan fuerte deseaba.

Ya no queda nada, solo el amargo vacío que dejaron al marcharse de mi interior las ilusiones. Y se me hace difícil no poder reprocharle a nadie, pues sería mentirme a mí mismo. Vivo de deseos enterrados, y que lentamente son devorados por los gusanos del recuerdo. Ya no podría contar cuantas cosas he vivido oníricamente, ni las veces que he sido amado. Los sentimientos vividos pueden doler si no son agradables. Pero escuece en mis heridas todo aquello frustrado, que necesito haber disfrutado.

Mis historias acumuladas ya no tienen oídos a los que no hayan sido narradas. Las páginas en blanco de mi novela acumulan demasiado polvo, y ni la sombra de las arañas se posa en ellas.

Ni las recetas que robé a los alquimistas, ni los conjuros de los necrófagos, me sirvieron para resucitar esas viejas sensaciones, los cosquilleos que produce luchar por algo. Muchas horas me pasé en el cementerio, y ahora a veces me quedo allí durmiendo, junto a una lápida, como otro frío cuerpo más. Muerto. Como mis sueños, asesinados ante mis ojos. Los creé, los alimenté e hice crecer. Los abrace para con mi cariño mantenerlos siempre cerca de mí. Destino cruel, siempre desintegrándolos. Y vuelve ese polvo, que en mis ojos grita, y asustado, me hace llorar.

Maldita mi rabia, mi desconsolada tristeza. Enriquecida mi alma perdida, que se marchó con todo lo que amaba. Vacío quedo mi cuerpo, y con él, todas mis lágrimas.

¡Ah, y se me olvidó! También mi maldita desgracia.