Profecía previa a la tormenta
Que lluevan monedas del cielo, para que abran los cráneos de los que especulan por abarcar dinero. Yo prefiero que caiga lo de siempre, lluvia, porque lo que no me mata me entristece, y en mis penas hallo mi mejor inspiración.
Las personas con las que hablo buscan poner la felicidad en sus vidas, que sea algo monótono cuando estén viendo la televisión con su cónyuge o cumpliendo su sueño más deseado.
En cambio, creo encontrar mi razón de ser en la infelicidad, y la satisfacción en la búsqueda, porque quién camina detrás de algo es porque sigue vivo, quien se detiene al alcanzar lo deseado y no quiere nada más, muere. Por ello, aunque dicen que tengo bien definidas y organizadas las ideas que rondan mi cabeza, es cuando se tambalean y pierden el equilibrio, cuando siento los dos extremos de mis labios a mayor distancia entre ambos.
No hay sabor más intenso e indescriptible que el de mis lágrimas, ni sentimiento que se expanda tanto como la cólera, que parece hinchar todos mis órganos. Prefiero amar a que me amen, pues no se corresponder, ni mantener algo estable. En la alteración de los sentimientos, descubres algo nuevo que deseas volver a notar.
No me digas que me quieres, dime que no deseas que te necesite, para que mi impulso sea más fuerte, y la atracción se convierta en narraciones de pura poesía, sin pulir. ¿Hay algo mejor que las sensaciones vírgenes? No intentes explicarlo, ni darle un nombre. Definirlo, sería desprestigiarlo. Simplemente, disfruta. Diviértete con la alegría de sentirte querida, aunque sea por mí. Yo me conformo con mi amarga melancolía de ser rechazado. Y no lo cambiaría por nada.

