Espiral
Caminaba ágilmente, cual ave que empuja las nubes con sus alas. Mis sueños estaba tan cerca, que los únicos obstáculos que se me ponían por medio eran pisoteados por mis desgastadas zapatillas. Mi mirada se perdía allá arriba, sin límite, llegando hasta la eternidad del mundo que ni siquiera los sabios conocen. Mi paso era tan ligero, que incluso podía andar sobre el aire, flotando ligeramente, y avanzado fugazmente, con miedo a tropezarme. Y aunque volar no es imposible, si que es algo perecedero.

Caí. Hallé una roca demasiado grande en mi camino y me equivoque al intentar esquivarla. Cometí tal error, que en vez de caer de nuevo a la tierra, me sumergí en las profundidades de lo oscuro, aquello que en los cuentos épicos y mitológicos llaman averno. Allí no hallé más que las sombras de las princesas de mis pesadillas, que en el pasado creía haber dejado: la arácnida Melancolía, que me engancho su telaraña y me dejó allí, devorándome por el sufrimiento y por la única visión de mis recuerdos; la Soledad, sigilosa bruja que con sus pócimas consigue aprisionarme en un vacío inmenso lleno de penas; y la joven princesa de las tinieblas, Tristeza, que con su nombre inunda los ojos de los mortales y les condena a llorar hasta la muerte. Y ambas me sentenciaron y condenaron a sumergirme en una espiral cuyo fin era indefinido.
Me desperté. Mi vida había cambiado. Muchas de las personas que más querían desaparecían y se quedaban fuera de mi nueva vida. Comenzaba un nuevo trayecto del camino, y no paraba de girar constantemente mis sentimientos, guiados por aquella maldita espiral. Comencé a engancharme de las peores drogas, a desear las más impuras perversiones, a querer a las personas menos apropiadas. Y las tres princesas, que se reían de mi, me dieron tres castigos más, convertidos en simples tentaciones, y que ocultaban las mayores depravaciones: una vida bohemia, enloquecida y nocturna, en la que visitaba los rincones más oscuros del ocio: bares, cabarets, prostíbulos,…
El segundo de mis tormentos, la duda. Dudaría de todo aquello que antes tenía tan seguro: Mis pensamientos, mis sentimientos y mis ilusiones.
Y por ultimo, quisieron convertir mi pena en una pequeña figura de fino plástico, con rubia melena y envuelta con un perfume de rosas negras y canela. Tan inocente, que únicamente su carácter y sus rojizos labios delataban que era realmente el recipiente de un mortífero veneno, que de tomarlo, me consumiría en la desesperación.
Pero yo ni siquiera era consciente de lo que aquellas malvadas brujas me deparaban. Me hallaba perdido, dando vueltas en todos los aspectos. Comenzaba a sentirme loco, y aún mas cuando aquel tarro de veneno con forma de lolita apareció en mi vida. Sus palabras, sus miradas me volvieron loco. Y mi vida, era cada vez más desastrosa. A penas veía la luz del sol, y danzaba incansablemente bajo los faros de la ciudad, de doce a seis, sin parar, sin parar…

Y aún espero que ella me dé a probar su recipiente… Aunque ahora volqué el vaso, dejé la noche, y duermo plácidamente en mi cama, soñando con sus labios, y escuchando la dulce nana que me susurran mis tres princesas…


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