3 de julio
Te despiertas asfixiado por ese cargado ambiente que te rodea, con chicharras dejándose oír y lo primero que te apetece es remojarte, en agua fría por supuesto, y evadirte de este calor que te ha dado los buenos días con un pegajoso y sudoroso abrazo. Te arreglas, coges una mochila con toalla y bañador, y coges el autobús que te enlazará con el metro. Pero hoy no he llegado más allá de la estación de Bétera. La causa que te dicen es que el metro se ha averiado. La realidad, que el metro ha descarrilado y ha acabado con la vida de 20 personas, pero que solo he conocido tal noticia al llegar a casa. Nervioso los primeros minutos porque mi familia frecuenta ese trayecto, esa línea 1 del metro de Valencia. Luego tranquilidad al contactar con todos, sanos y salvos. Y entonces es cuando comienzas a comerte el coco, y si estas cosas ocurren por desgracia, lo único a lo que ayudan es a recapacitar. Pensar que desde que mi hermano iba al instituto, allá en 1998 o alrededores, los metros no han cambiado mucho a los que hoy, nueve años después, yo frecuento y que siguen en un estado lamentable como entonces. Incluso a mí, que no me asusta viajar en el metro u otro medio de transporte, me aterroriza subir en ese modelo antiguo que destaca, con puertas que cierran mal, ventanas que no permanecen abiertas, sin ventilación y que se paran automáticamente sin que ni el mismísimo conductor entienda por qué. Pero claro, algo público que cada año cuesta más caro y que, en cinco días a mi me cuesta 10.90 euros, no puede permitirse el lujo de renovar esos vehículos, ya que esta sociedad no es la de los ciudadanos y la de los medios públicos, sino que esta compuesta por ciudadanos de altas cifras en sus cuentas bancarias y automóviles propios de marcas de prestigio. Y aún después de lo de hoy, todo seguirá igual, como si nada, y acudirá un gran porcentaje de la gente este fin de semana a ver como se han gastado su dinero los gobernantes de su ciudad en recibir a aquel que representa a una de las más importantes organizaciones de la historia, y que renuncia a derechos vitales de las personas como el divorcio, el matrimonio homosexual,… Solo espero no resignarme y frustrarme si escucho por la televisión que han acudido familiares y amigos de las víctimas, a pedirle la bendición a tal excelentísima persona… la ironía habla por sí sola…
Otro comentario reprimido que posiblemente no servirá de nada, pero apetece más intentarlo y molestar como hacen las chicharras en estos días, que callar y bajar la cabeza…


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