Allá fuera las gotas caen del cielo constantemente. El cielo esta tintado de un oscuro gris anaranjado que invade todo, cubriendo con sombras toda la superficie. Mil túneles vacíos aquí abajo. Todos están escondidos entre las grietas, nadie dice nada, ninguna palabra se atreve a enfrentarse al silencio. Soledad, tranquilidad y oscuridad. La gente no esta acostumbrada y su mente les inspira temor al ver semejantes parajes, a mi ya únicamente me invitan a reflexionar y soñar. Sentado estoy en mí pequeño trono, deteriorado por el paso de los años, sobre el que brotan raíces de extrañas plantas. Centenares de diversas criaturas nacen entre estas plantas y los restos de los cuerpos de sus antecesores. Sobre las cenizas del interior del mundo, de su propio corazón, me siento a mirar la nada, alumbrada por las pequeñas velas y antorchas que no se han llegado a apagar contra la adversidad de las sombras. Me siento el señor de mi propia vida, de la que nacen bichitos llamados sueños, que caminan libres por mi guarida, hasta que son pisados al salir a la superficie. Mejor no salir, quedarme aquí a verme crearlos, cuidarlos y verlos vivir. Es de lo único que quiero ser padre, de sueños…



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