9.07.2005

Camino de transición

Arena blanca es lo que únicamente hay a mi alrededor. Ceniza de las ruinas de algo puro que permanecía en aquel paraje tiempo atrás, no hace mucho. En el horizonte solo se ve nacer una niebla que oculta lo que me deparan los pasos que ahora doy. Atrás, nada, ni siquiera un camino hacia el pasado. Es como si también se hubiese convertido en arena al desintegrarse con el tiempo, para formar parte de este reloj de cristal que la contiene dentro. El sendero parece infinito, no debe llevar a ningún lugar concreto y es inexistente. No hay tal trayecto, solo se trata de un andar por un paraje continuo. El aire que viene de mis espaldas, se cuela por debajo de mi camiseta y con sus brazos incorpóreos me empuja hacia delante, en busca de algo que no espero y quizás tampoco me espere a mi. Cada vez mis ojos se nublan más con cada paso que doy y me impiden observar con detenimiento lo que llega a mis ojos. En ocasiones caen finas y escasas gotas del cielo, el que miro sin ver poco más que la misma niebla que me rodea, pero un poco más clara, señal de que es de día y el sol permanece en su lugar. Solo me acompañan mis ideas, las dudas que renacen tras su muerte una y otra vez. También, muy distantes, me siguen las marcas de mis sueños, olvidados en muchas ocasiones y que parecen haberse desintegrado para ser recompuestos de nuevo por el recuerdo. Nada más en días, ninguna novedad, solo un paseo por el mismo paraje y los pensamientos de siempre. Un camino que se repite y repite, hasta que ahora creo ver una sombra más oscura y nítida en la niebla. Quizás sea una nueva ciudad. O una vieja. Nuevas cosas y pensamientos, o el amargo regreso de las de siempre. A saber que me espera. ¿Una ciudad de luz? ¿O de muerte? ¿Alguna ciudad en la que reine la armonía? ¿O posiblemente esté maldita? Será mejor que no me impaciente, ya llegaré…

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