2.20.2005

Tranvía de pena y dudas

El tranvía se paró. Tenía puesta la mirada en el cristal, mirando a la gente que se bajaba en aquella para, como estos se dirigían cada uno en direcciones diferentes, las cuales les llevarían a allí donde pensaban ir, o otros quizás cambiarían de destino o algunos nunca llegarían a el. No comprendía porque pensaba en aquellas personas, pero eran mis sentimientos los que hacían que mis pensamientos vagasen, de idea en idea, sin objetivo alguno, fijándose en todo aquello con lo que se cruzaban. Estaba como perdido, como cuando estas escuchando Chill Out y te fundes con la música y el paisaje o ambiente que te rodea. Fuera, las calles se veían tranquilas y un poco oscuras, igual que aquel cielo nublado que había arriba de ellas. Iba acariciando con mis dedos el cristal, donde tenía apoyado el brazo, y en el que también tenía apoyada la cabeza. Mi nariz chocaba contra el crista y se desformaba por esto. Mi cuerpo se sentía cansado, pero no físicamente. Mi mirada iba pasando de persona en persona, fijándome levemente en cada rostro y cuerpo, en sus vestimentas y en rasgos insignificantes, Pero mi mente no veía a aquellas personas, no. Mi mente la veía a ella. Sonriente como cuando me mira. Sería como en sus peores momentos. Con el pelo suelto o recogido, con su mirada dormida o totalmente despierta. Iba cambiando de imagen, buscando la satisfacción que me producía ir recordando cada rasgo que la caracteriza: su largo cabello, sus oscuros ojos, su iluminadora sonrisa, su bella nariz y aquellos labios que tanto me gustaban cuando los mantenía juntos. Eran símbolos de amor, ternura, placer, cariño,… Besarlos lo expresaría todo. Tenía más dudas al respecto, sabía que podía, pero no estaba seguro de querer hacerlo. La deseaba tanto, que no estaba seguro de que ese deseo pudiese ser real. Pero lo es. Y de eso ya estoy seguro. Aquel paseo montado en ese medio de transporte era un viaje de dudas, recordando cada pensamiento que mi mente había creado y mantenido. Todas las mujeres, chicas y niñas que estaban al mí alrededor no eran propósito de mi mirada. Hoy no. Hoy lo era ella, aún sin estar presente. Siempre, cuando ella estaba cerca, mis miradas acababan deteniéndose en ella y temerosas de ser detectadas, rápidamente buscaban otro objetivo al que mirar, fuese el que fuese. Cada mirada me provocaba una aceleración en lo profundo de mi pecho. Mi mente estaba tan nublada de lágrimas como aquel cielo que cubría toda la ciudad que me había visto crecer a medias. Se acercaba ya mi parada, cuando cayeron unas finas gotas de agua, provenientes de aquel oscuro cielo. Luego le siguieron unas cuantas más, y ha estas otras más. Había comenzado a llover, y por mi mejilla aún no había pasado ninguna lágrima aquella mañana, pero estaba seguro, que a la vuelta, al acordarme de ella lo haría. Llegó mi estación en la que baje con paso lento, y fui caminando por entre aquellos edificios, en los que, en la mayoría de casos, vivían estudiantes universitarios, como mi hermano, al que me dirigía a visitar. El me consolaría un poco una vez más, y retendría la salida de mis lágrimas, por lo menos mientras estuviese allí, porque luego de haber pasado junto a él la tarde, unas cuantas salieron de mi ojo como si hubiese volcado el vaso en las que estaban depositadas, y luego se deslizaron por mi mejilla, para acabar siendo dispersadas por ella por mi mano. Aquella fue una triste tarde de duda, en la que dude por ti, por decirte que te quiero, que sigo viendo tu maravillosa e increíble sonrisa en cualquier parte, aunque suene cursi y muy monótono, pero es así. Pronto llegará el día en que te sirva en bandeja mis sentimientos, y los que espero que no acaben en el suelo, tirados, junto a la bandeja que los contenía, por haber sido rechazados. Espero que los aceptes con cariño, y los guardes en la mesita que permanece junto a tu cama, para que te abracen todas las noches, y te digan por mi lo que siento por ti, y te repitan el más dulce de los “te quiero” que hayan aparecido por mi torpe boca.
Te lo dedico a "ti", y espero que luego no te lo tomes a mal, cuando sepas que esto, es por que te he conocido y me he enamorado de una bellísima persona. Espero que me perdones por ello, y que sepas si no me crees entonces, que no te pienso hacer nada de daño nunca, sino todo lo contrario. Besos a todos.

1Escarabajos pensaron

Blogger Victor susurro...

Señor, cómo es posible que nadie comente nada en este blog. Chema escribes de una forma increíble, mucho mejor que tu hermano mayor. Sigue escribiendo, y sintiendo así, verás que todo lo bueno llega a quién espera; y para lo malo, estoy aquí siempre. Un besazo, voy a ver si te hago propaganda :)

7:53 p. m.  

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